El gusano kamikaze

El gusano Nito, Gusanito para sus amigos, vivía en un precioso prado verde. Su vida no podía ser más placentera. Se levantaba con la luz del sol y todo el día lo dedicaba a pasear tranquilamente, arrastrando su larga panza, al tiempo que comía un poco de esta hoja y otro poco de esta otra. Durante estos nutritivos paseos, se iba encontrando con otros gusanos, sus amigos, y se paraba a charlar un poco de esto y un poco de lo otro.

>> ¡Si, esto es vida! – se decía

Al comienzo de la primavera, todo empezó a florecer y el prado estaba realmente hermoso. Pero, cada día que pasaba, había menos gusanos en el prado por lo que Gusanito comenzó a sentirse solo. Preguntaba por este o aquel amigo:

>>“Ahora es un capullo”, le contestaban.

Un día descubrió el Valle de los Capullos…y se quedó pálido del susto. Era un gran valle lleno de troncos secos y podridos en cuyos huecos había cientos de capullos.

>> ¡Espeluznante! – exclamó

Se fue acercando a ellos y, poniendo todos sus sentidos en el empeño, iba reconociendo a todos sus amigos desaparecidos.

>>¡Así fue como perdí a papá y mamá! – gritó Gusanito entre sollozos

Estaba aterrorizado. Imaginaba lo horrible que sería estar allí dentro, sin aire que respirar, sin hierba que comer, sin nadie con quién hablar.

Los pocos gusanos que quedaban en el prado le decían que ese también era su destino, que en la vida de un gusano llega el día en que uno tiene que tejer su propio capullo. Pero Gusanito se negaba a aceptar ese horrible destino.

Y llegó el día en que desaparecieron todos los gusanos del verde prado y Gusanito se quedó completamente solo. Una profunda tristeza le recorría su largo y pegajoso cuerpo. Prefería morir a pasar el resto de su vida encerrado como un capullo.

Gusanito intentó tirarse por un precipicio pero…no vió el árbol que le salvó la vida

Así que… ¡decidió quitarse la vida!

Lo probó todo:

– Se ponía bajo las pezuñas de las vacas pero… era tan pequeño y resbaladizo que siempre se escurría por algún hueco.

– Se enterraba todo lo hondo que podía pero… volvía a salir a la superficie por otro agujero.

– Bailaba delante de los pajaritos mostrándoles su jugoso cuerpecito pero… se divertían tanto con él que no se lo comían.

¡No había manera! De un modo u otro siempre salía ileso.

Una noche, cansado y sin esperanza, se rindió. Se dirigió al Valle de los Capullos y allí, arrodillado, exclamó:

>>¡Me rindo!, sólo soy un sucio y asqueroso gusano. Mi destino es morir como un capullo.

Respiró profundamente y dedicó toda la noche a tejer su capullo. Lo hizo con gran esmero, suave y bonito, pues iba a ser lo único que le acompañase el resto de su vida. Una vez acabo de tejerlo, se metió dentro y se dijo:

>> El fin de mis días ha llegado. Ahora, esperaré paciente mi muerte en la soledad de mi silencio y mi propia compañía.

Gusanito pasó muchos días en un profundo letargo; un sueño sin sueños, una muerte sin muerte… pues, al cabo de tres semanas, despertó.

Abrió los ojos repentinamente y se asustó; hacía mucho que se daba por muerto y lo único que recordaba de sus días de capullo era el silencio y su propia respiración. Se estiró y, casi sin darse cuenta, el capullo comenzó a agrietarse hasta que se rompió. Estiró su cuerpo todo lo que pudo para lanzarse al suelo y comenzar a arrastrarse y cuál fue su sorpresa cuando, al estirarse, se le desplegaron unas hermosas alas de mariposa, verdes y moradas. Empezó a agitarlas y, cuando quiso darse cuenta, estaba volando sobre el verde prado.

Estaba tan maravillado que era incapaz de decir una palabra…en realidad no tenía nada que decir tan sólo disfrutar de un precioso vuelo acompañado del silencio…y su propia respiración.

 

REFLEXIÓN:

Con un toque de humor, he querido reflejar en este cuento esos momentos en la vida que podemos llegar a comportarnos, por así decirlo, un poco kamikazes, como nuestro amigo Gusanito. Esto es, través de comportamientos que sabemos que no son saludables para nosotros, como fumar, comer en exceso, dormir poco…o soportando situaciones o personas que, en el fondo, sabemos que nos perjudican ya sea en el trabajo, con la pareja, los amigos, la familia…

Detrás de esta actitud autodestructiva hay un profundo miedo a la soledad y el vacío interior. De ahí que podemos llegar a pasar nuestra vida huyendo constantemente de nosotros mismos sin apenas darnos la oportunidad de una metamorfosis. Una metamorfosis que sólo es posible tras un verdadero reencuentro con nosotros mismos y nos lleva a una maduración integral de nuestro ser…

…aunque, a veces, creamos que madurar es ser un poco… capullo.

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5 comentarios en “El gusano kamikaze

  1. Para mi madurar es dejar de tener miedo al silencio de la crisalida, a la soledad de la transformacion que se da sin que nadie nos de feedback, solo quedandonos.. quietos, solos y a la espera… de… no sabemos que. Eso permite la transformacion, pero es como la muerte… en realidad no sabemos que va despues…. perder el miedo a pasar por la incertidumbre, confiar en lo que puede que no venga….. ese es el gran miedo de todos los gusanitos y gusanitas…. no????

  2. Luego están los que directamente se meten en el capullo y nada más… y puede que todos necesitemos de vez en cuando una etapa kamikaze para aprender donde “no está” lo que necesitamos. Muy bueno el cuento.

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