El Reino de Cabezonia

Hubo una vez un país dónde sólo vivían cabezas. Sus habitantes eran fervientes devotos de la mente y pensaban tanto y tanto que, durante generaciones, fueron creando una raza de personas dominada por su inmensa inteligencia. Las calles del Reino de Cabezonia estaban siempre repletas de cabezas.

los cabezonios andaban sobre sus enormes zapatos y con sus brazos extendidos para no perder el equilibrio

 

Tenían unas cabezas enormes que suponían las 2/3 partes de la totalidad de su cuerpo. No les resultaba fácil andar ya que había tal desproporción de tamaño entre su cabeza y su cuerpo que perdían el equilibrio. Pero como los cabezonios eran tan listos, inventaban mil maneras para no caer, desde usar unos simples bastones hasta desplazarse sobre unas tablas motorizadas o usar enormes zapatos.

Estaban muy orgullosos de lo que eran pues era el reino cuyas personas poseían el mayor coeficiente intelectual de todo el planeta. En este Reino nacieron importantes científicos, lectores empedernidos, inventores y grandísimos pensadores. Conocían el por qué de todas las cosas.

 

Un día sucedió algo espantoso que alteró la paz que tenían sobre sus cabezas. Nació un niño cuya cabeza sólo suponía una séptima parte de su cuerpo, es decir, estaba proporcionado como los primeros habitantes del Reino de Cabezonia, cuando aún no habían desarrollado tanto sus cerebros.

Todos estaban espantados ante la noticia.

“Señora, está claro que su bebé padece una horrible malformación, lo mejor sería mantenerlo hospitalizado y darle medicación para ayudar a su cabeza a crecer. Si se lo lleva a casa puede que no sobreviva”

La madre se negó a dejarlo en el hospital y decidió llevarlo a casa aunque tuviera que dedicarse a darle cuidados especiales día y noche.

Alain fue creciendo enfrentándose en su vida a continuas dificultades. Todos pensaban, a simple vista, que no era inteligente pues sólo había que ver el tamaño de su minúscula cabeza. En Cabezonia era considerado un bicho raro pues continuamente se le veía haciendo ejercicio o llorando y riendo de una extrañísima manera, sin motivo aparente.

A pesar de vivir un poco al margen de todos, había a la que le producía tanta curiosidad su comportamiento que lo observaban con gran admiración hasta el punto de comenzar a considerarlo un maestro.  Alain les mostraba experiencias carentes de por qués.

– Les mostraba las maravillas que podía hacer con su cuerpo y les enseñaba a hacer ejercicios.

– Les contaba historias que no estaban en los libros, que hablaban de la naturaleza y que a veces les hacían reír y otras les hacían llorar.

– Les ponía a escuchar la música de forma que esta penetrase por todo su cuerpo.

– Les enseñó a mirarse a los ojos, en silencio, y ver más allá de lo que éstos le mostraban.

Sus seguidores siempre le avasallaban a preguntas:

– Maestro, ¿por qué a veces corres sin parar?

– Maestro, ¿por qué a veces respiras con los ojos cerrados?

– Maestro, ¿por qué estiras tanto su cuerpo por las mañanas?

O también preguntas del tipo:

– Maestro, ¿por qué lloras y ríes sin motivo?

– Maestro, ¿por qué gritas y te enfureces?

– Maestro, ¿por qué te sientas a contemplar el mar?

A todas ellas Alain se limitaba a contestar: PORQUE ESTOY VIVO.

Los cabezonios no entendían nada pero había algo en él que les atraía enormemente. El simple hecho de su compañía les producía una paz y serenidad desconocidas para ellos hasta entonces.

 

Alain tenía cada vez más amigos y seguidores algo que, como era de esperar, no gustó nada a las autoridades del país y lo acusaron de promover hábitos de vida no saludables. Fue un largo juicio lleno de por qués a los que él se limitaba a contestar: PORQUE ESTOY VIVO. Finalmente lo condenaron al exilio por sus ideas y comportamientos carentes de explicaciones.

No volvieron a verle jamás pero algo ya había cambiado en Cabezonia. Un grupo de personas recogieron sus prácticas y enseñanzas las cuales  se transmitieron de generación en generación. Estas personas se reunían para hacer ejercicio, para escuchar música, para reír, para pintar, para llorar, para gritar, para bailar… para hacer todas esas cosas carentes de por qués. Los gobernantes nunca llegaron a aceptar esa forma de vida pero se llegó a extender tanto que ya no podían detenerlos.

Al cabo de muchos años los descendientes de este grupo de personas fueron naciendo con sus cabezas más pequeñas. Por supuesto seguían existiendo  personas con gran cabeza los cuales se podían encontrar principalmente en la clase política y banqueros… personas que seguían ocupados y preocupados en aumentar sus cabezas. Pero en un gran número de rincones del país se podía leer aquella frase de Alain: “PORQUE ESTOY VIVO”.

 

REFLEXIÓN:

Vivimos en un mundo lleno de mente y justificaciones. Incluso nosotros mismos nos encontramos dominados por ella y sus por qués. La mayoría de las enfermedades mentales vienen del inmenso poder que le damos al tiempo que nos olvidamos de que también somos cuerpo y corazón, sensaciones y emoción.

La inteligencia no sólo está en la mente sino también en nuestros sentidos y sentimientos, en vivir una vida en la que nuestros tres centros (cuerpo, mente y emoción) se alternen y se equilibrien.

Con este cuento os invito a escuchar también al cuerpo y al corazón pues la vida está llena de por qués que la mente nunca entenderá.

Démosle al pensamiento el lugar que le corresponde, no vamos a tirar la mente a la basura sino usarla para nuestro beneficio en la medida en que es saludable. Pues la vida en sí misma encierra un gran por qué al que nunca encontraremos respuesta.

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6 comentarios en “El Reino de Cabezonia

  1. ¡Wow! Me gustó muchísimo el cuento y es excelente tu reflexión. Le damos demasiada importancia a la mente, los que nos creemos inteligentes nos burlamos de las personas que consideramos “ignorantes” y en varias ocasiones -o siempre- esas mismas personas nos dan lecciones de vida que nos hacen quedar como unos tontos. Es bueno pensar, pero no al grado de olvidarnos de vivir. Que tengas un bello día y gracias por compartir este bello cuento.

    1. Así es Veli, ser inteligente no solo tiene que ver con la mente y el conocimiento pues, como bien dices, la vida nos da lecciones a ese respecto muy a menudo…sólo hay que observar la naturaleza, por ejemplo.
      Muchas gracias por tu comentario. Buen día para ti también 😉

  2. Si, un cuento reflexivo con el cual me identifico, porque busco (aunque no siempre lo logro) mantener esa congruencia en mi decir y hacer. Gracias Vely por compartir este link y por supuesto gracias María por esta creación. Abrazo a ambas.

    1. Gracias a ti, Liz, pues siempre es gratificante encontrar personas a las que siento que les llega el mensaje que intento transmitir con mis cuentos.
      un abrazo 🙂

  3. Un cuento precioso María. Para mí tb es cierta tu reflexión , en algunas ocasiones recibes lecciones de vida de las personas que menos te esperas, en mi caso por mi profesión, me ha ocurrido con frecuencia con personas mayodres de la huerta(a las que solemos catalogar de incultas geneneralmente) y un día llegan a la consultan y te dan una lección… y esa mañana que hacen pensar..y cambiar algo en ti …Cuando esto ocurre es muy bonito.
    Un besico.

    1. Es cierto lo que dices Ma Mar, la sabiduría no sólo está en la cabeza y el pensamiento…démosle a la mente el lugar que le corresponde.
      Muchas gracias por tu aportación.
      Un besazo! 🙂

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