El Príncipe del Sueño

En aquellos tiempos lejanos existieron un príncipe y una princesa que vivían en reinos vecinos, separados únicamente por un enorme y salvaje río. Un hermoso día de verano, bajo un sol radiante, ambos coincidieron asomados a sus altas torres y fue así como se enamoraron.

 

Por mucho tiempo mantuvieron su amor en la distancia, escribiéndose cartas llenas de promesas de amor, enviándose los más bellos presentes y observándose, cada día, a través de sus ventanas.

 

Al cabo de unos años, los reyes de ambos reinos decidieron construir un puente de plata por encima del río para unir ambos castillos y que así sus hijos pudieran estar juntos.

La desdicha llegó el día en que la princesa cruzó el puente para visitar a su amado pues cuando llegó hasta él, éste cayó en un profundo sueño. Apenada, la princesa volvió a su castillo dónde más tarde recibió una carta del príncipe que le contaba el hechizo que una malvada bruja le hizo siendo él apenas un niño:

“Cuando encuentres a la mujer amada, no podrás estar junto a ella despierto. Sólo tu podrás deshacer este encantamiento, nadie podrá hacerlo por ti.”

 

Durante mucho tiempo continuaron con su relación en la distancia, a través de las ventanas o susurrándose a través de gruesos muros de piedra. La princesa comenzó a sentirse triste y sóla así que decidió intentarlo todo para romper el hechizo: empezando por zarandear al príncipe durante sus sueños, tirar cohetes a su lado, echarle cubos de agua fría, hasta intentó crear ella misma el antídoto mezclando diferentes potingues. Pero nada dio resultado y la princesa, envuelta en una gran pena, cada vez se asomaba menos por su ventana.

El príncipe no podía soportar perder a su amada princesa así que decidió viajar por el mundo en busca del modo de romper el hechizo: viajó por tierra y a mar a mundos desconocidos, luchó contra un dragón de 7 cabezas y conoció a todos los magos y brujas que existían. Pero nada ni nadie consiguieron quitar el encantamiento pues, cuando volvió junto a su amada, otra vez volvió aquel profundo sueño.

 

Un día se volvieron a encontrar en sus ventanas y el príncipe le dijo a la princesa:

– Aún nos queda una última opción: ¡durmamos juntos para siempre!

– ¡No! – gritó la princesa furiosa y, lanzando una enorme piedra desde su ventana, rompió el puente de plata que antes les unía.

Muy apenado quedó el príncipe ante esta catástrofe pues ahora la princesa apenas se dejaba ver. Desesperado quiso hacer un último esfuerzo por estar con su amada, salió de su castillo y corriendo a través de lo que quedaba de puente intentó saltar al otro lado. Pero cuál fue su desgracia que no lo consiguió y se precipitó al vacío cayendo en el salvaje río que discurría entre ambos castillos.

 

La princesa lloró su pérdida durante tres días con sus tres noches y entonces, al tercer día de luchar contra el bravo y caudaloso río, el príncipe regresó ante ella. Tomó a la princesa en sus brazos y esta vez el sueño no se apoderó de él. ¡El hechizo se había disuelto entre las aguas del río!

 

El príncipe y la princesa se casaron, reconstruyeron el puente de plata donde, cada noche bajo las estrellas, contemplaban la hermosura de un río que un día les separó y que ahora les había unido para siempre.

 

Y vivieron…y durmieron, felices y juntos, para siempre.

 

 

 

REFLEXIÓN:

Hablando en términos simbólicos, el masculino es la presencia y el femenino la receptividad.

En el príncipe del cuento encontramos un masculino dormido, cuya falta de presencia, en un principio intenta suplir el femenino buscando mil maneras de romper el hechizo. Pero esa presencia necesaria del masculino no puede ser cubierta desde la acción del femenino.

El masculino (príncipe) se busca a sí mismo fuera pero, ante la pérdida del femenino, no le queda otra opción que caer por el precipicio y entregarse a las inseguras aguas de la emoción. Es en esa apertura al mundo emocional y a la vulnerabilidad que ello supone, donde el masculino puede despertar y recuperar su presencia. Presencia que permite la unión con un femenino receptivo.

Este cuento podemos entenderlo desde la polaridad masculina- femenina que existe dentro de cada uno de nosotros o también desde las relaciones entre hombres y mujeres, masculinos y femeninos que, en la sociedad actual, pierden su energía vital. Pues, al margen de la condición sexual de cada persona, vivimos en un mundo repleto de mujeres que asumen roles masculinos olvidando su energía femenina y de hombres eternamente dormidos, olvidando así su energía masculina.

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2 comentarios en “El Príncipe del Sueño

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