El Ladrón de las Palabras

Existió una vez un ladrón muy peculiar en un mundo muy peculiar.

No era un vulgar ladronzuelo pues su motín estaba repleto de palabras que usurpaba a las personas.

Por aquel entonces, los hombres y mujeres que habitaban este planeta, en muchas de sus conversaciones, daban largos tragos de saliva para evitar que salieran algunas palabras. Entonces, el ladrón, que siempre estaba atento a este tipo de situaciones, se apresuraba para atrapar esas palabras que ya nunca podrían ser expresadas. Su ambición era tal que no solía prestar mucha atención a las palabras que robaba, sólo deseaba tener más y más. Así que se limitaba a echarlas en su gran saco negro y llevarlas a su guarida. Apilaba los sacos uno sobre otro, cerrados y guardados bajo llave en un gran sótano sombrío.

el ladón robo al joven un “te quiero”

 

Al fin, la Policía de los Secretos, tras seguirle la pista muy de cerca, lo atrapó cometiendo uno de sus robos, esta vez a un joven enamorado.

Llevaron al ladrón al Tribunal de las Letras donde fue juzgado por el Juez del Diálogo. En primer lugar abrieron cada uno de los sacos en los que el ladrón almacenaba su motín.  Después el juez le hizo escuchar una a una cada palabra robada. Fue una sorpresa para todos descubrir que las palabras que más abundaban eran palabrotas, “lo sientos” y “te quieros”.

La condena para el ladrón de las palabras fue clara: devolver a todas las personas las palabras que les había robado.

 

Os preguntareis qué pasó con las palabrotas. Los devolvió también pues tras ellas siempre había un “lo siento” o un “te quiero” que, además, les ganaban en número. Además, a medida que iban siendo expresadas en su momento se hacían cada vez más pequeñas y si se las quedaban dentro por mucho tiempo se hacían tan grandes que un día explortaban dentro de su dueño.

Desde entonces, en aquel mundo, de vez en cuando se escuchaban palabrotas, a menudo se perdonaban entre ellos  y, sobre todo, se amaron cada día hasta que ya no hubo mundo.

 

REFLEXIÓN:

Este cuento es un llamamiento a la expresión.

En muchas ocasiones tragamos para nuestros adentros palabras que se nos quedan atascadas en la garganta, palabras que, una vez pasado el momento, ya no tienen lugar. Nos arrepentimos día tras día de no haber dicho esto o aquello, siempre con muy buenas justificaciones.

Las relaciones entre las personas están cargadas de momentos en los que nos sentimos inseguros ante el otro y por eso preferimos callar. Hay situaciones en las que más vale expresar una palabrota y dejar que salga la rabia, a tragarla y dejar que se haga más grande convirtiéndose en ira. En otras situaciones lo mejor es olvidar nuestro orgullo y pedir perdón. Y, ante todo, en todas y cada una tenemos que poner todo nuestro amor. Amar cada instante que vivimos.

Cierto es que a veces hay que ser prudente, en tus manos dejo saber discernir cuándo hablar y cuándo callar… he aquí una pista: cuando sientas que tienes que tragar mucha saliva… ¡suéltalo! Pues está claro que esa palabra necesita volar.

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3 comentarios en “El Ladrón de las Palabras

  1. Muy buen cuento. Es cierto, tendemos a acumular rencores, rabia, resentimientos, etc. y el resultado no es nada favorable ni para quien los acumula ni para quienes reciben el golpe de la explosión. Felicidades por tus bellos cuentos.

    1. Y lo más triste es que, además de no expresar esas pequeñas cosas que nos molestan, también guardamos para nosotros sentimientos hermosos que compartir…nos sentimos vulnerables al decirle a alguien cuánto le amamos.
      Muchas gracias por tu aportación Veli…y por seguir todos mis cuentos.
      Un abrazo

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