El Jardín del Olvido

Hace mucho tiempo existió un hermoso jardín cuyo encanto no se había visto nunca antes. Estaba repleto de todo tipo de árboles, flores y pajarillos que cantaban sus más bellas canciones entre aquel frondoso vergel. Se encontraba delimitado por una valla cubierta con una maravillosa enredadera de la que nacían campanillas de todos los colores, formando un perfecto arco donde se encontraba la puerta.

Las personas que entraban en el jardín se sentían extrañamente relajadas y embaucadas por aquel regalo para sus ojos a base de variadas flores y por el inolvidable aroma que éstas desprendían.

En el centro del recinto había un hermoso manzano, el único árbol frutal que poseía el jardín. Era centenario y daba una sombra especial bajo la que colocaron un banco para disfrutarla. Además, siempre estaba repleto de sabrosas manzanas.

 

Este era el Jardín del Olvido.

Entre tanta variedad de flores que allí se daban, existía una que era realmente especial. Se trataba de un rosal rojo que crecía rodeando el manzano. No era un rosal corriente. Eran las rosas para olvidar pues nacía una por cada recuerdo que allí se depositaba.

Cuando las personas deseaban olvidar un recuerdo, se dirigían al jardín del olvido para deshacerse de él. Una vez allí dentro se sentaban en el banco bajo el manzano y, a medida que evocaban lo que deseaban olvidar, la rosa iba creciendo. En el momento en que la rosa ya estaba formada del todo, algo invitaba a la persona a tomar una manzana de aquel precioso árbol. Y, bajo su sombra, mientras la comían, recordaban el hecho que habían venido a dejar. Justo en el último bocado de la manzana,  sentían una fuerte punzada en sus adentros que empezaba en el estómago, subía por el corazón y acababa en la cabeza. Entonces, a medida que se acercaban a la salida del jardín, la roja rosa comenzaba a marchitar, y el recuerdo se disipaba. Una vez cruzado el arco de la puerta, ya no podían recordar qué les trajo a aquel jardín y la rosa, moría para siempre.

Como es de esperar, el Jardín del Olvido recogía todo tipo de recuerdos; dolorosos, pérdidas, separaciones, peleas, situaciones vergonzosas, miedos e incluso bonitos recuerdos que producían melancolía porque ya habían pasado.

 

Hubo un día una niña que fue a dejar el recuerdo de la abuela, que les había dejado hacía unos pocos días. Se sentó bajo el manzano y comenzó a recordar a la abuela, que hacía pocos días les había dejado. Su hermosa rosa roja, poco a poco, fue naciendo. Una vez hubo crecido del todo, la niña se dispuso a comerse la manzana mientras evocaba sus últimos recuerdos de la abuela. Comenzó por lo triste que se sintió cuando le dijeron que estaba enferma y, luego, una a una, fue recordando todas las tardes que pasó con ella escuchando historias, cantando, paseando…  Fue entonces cuando, antes de terminar la manzana, la niña comprendió que, una vez saliese del jardín, ya no recordaría nada, ni los malos ni los buenos momentos que había vivido con ella. Así que decidió cortar la rosa para plantarla en su ventana.

Desde entonces los balcones de aquel lugar están repletos de rosas rojas; rosas que crecen, marchitan y esparcen sus semillas…y, sobre todo, embellecen cuanto les rodea con una hermosa nostalgia.

 

REFLEXIÓN:

En nuestra vida, nos suceden infinidad de hechos y situaciones que, una vez que han pasado, deseamos olvidar pues su recuerdo nos produce dolor, rabia, nostalgia. No obstante, por mucho que lo intentamos, cada acontecimiento de nuestra vida queda grabado en nosotros. A veces, nuestra mente cree haber olvidado algo pero nuestro cuerpo o nuestro corazón nos dicen que sigue ahí.

No te quedes enganchado al pasado pero tampoco lo olvides. Cada experiencia que tenemos, aunque no nos agrade, nos va definiendo y, al igual que las rosas del cuento, esparce sus semillas. En el aquí y ahora los recuerdos marchitan pues no nos queda otra que vivir el presente y continuar nuestra vida.

Cada hecho que hemos vivido nos va dejando una semillita, un aprendizaje, un recuerdo de dónde venimos.

Este cuento nos invita a vivir el presente sin olvidar quiénes somos.

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4 comentarios en “El Jardín del Olvido

  1. María, como siempre, me ha encantado tu cuento. No podemos permitir que una bella rosa desaparezca sin dejar huella, aun marchita nos recuerda hechos maravillosos que vivimos cuando era fresca y aromática. Quizá la melancolía duela, pero es un dulce dolor de haber vivido eso que nos hizo tan felices. Los malos recuerdos también deben permanecer sin hacernos daño, pues enriquecen nuestra sabiduría. Que Dios te siga inspirando esos hermosos cuentos y los sigas compartiendo. Bonito día.

    Si me permites una pequeña observación, creo que se te quedó una palabra de más en la frase: “que hacía pocos días les había dejado hacía”.

    1. Me emocionan mucho tus palabras, Veli, sentir que mis cuentos te llegan al corazón. Y si, todo lo que vivimos definen quiénes somos y nos hacen más sabios.
      En cuanto a la errata…¡ya la he corregido!
      Muchas gracias
      Un abrazo!!

  2. Que cuento tan melancólico, que grande eres… y tan sólo te he leído éste. Creo que me vas a gustar, te voy a seguir leyendo.

    1. A este cuento le tengo especial cariño…es esa paradójica belleza que acompaña a la melancólica.
      Me alegra que te haya llegado tanto, es un placer para mi leer comentarios como el tuyo pues sin mis lectores no podría seguir adelante.
      Muchas gracias Bárbara.
      Un abrazo!!

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