El Reino de La Equivocación

Hubo una vez un país en el que todos cometían errores a cada instante.

Un día, les visitó el monarca del reino vecino, La Perfección. El rey de La Equivocación, con su corona a modo de pulsera y su reloj como corona, le llevó de paseo para mostrarle la ciudad.

 

A medida que avanzaban por las calles, el rey de La Perfección se asombraba un poco más al ver que todo estaba repleto de errores.

– ¡Cuánta gente con los zapatos cambiados! – se asombró el rey de la Perfección – El derecho en el izquierdo y el izquierdo en el derecho.

– Si – le respondió el rey de la Equivocación – Por eso hay tantos bancos por las calles; las personas se sientan a cambiar sus zapatos de pie y, ya de paso, conversan un rato entre ellos.

 

Continuando con su paseo llegaron a una avenida muy peculiar:

– ¡Un árbol en medio de la calle y un semáforo en mitad de la plaza! – exclamó el rey de La Perfección.

– Si – contestó el rey de la Equivocación – se equivocaron al colocarlos pero los dejamos así porque el árbol sirve de sombra al policía que dirige el tráfico y el semáforo, en el parque, regula los turnos de los columpios.

 

Entonces, vieron pasar un singular autobús:

– ¡El autobús es un barco con ruedas! – grito asombrado el rey de La Perfección.

– Si, – explicó el rey de La Equivocación – el conductor, en su primer día, se confundió y aparcó el autobús en el mar. Así que trajimos el barco para hacer su función y, mientras, en el fondo del mar, el autobús da cobijo a los delfines en la noche.

 

El rey de La Perfección, que no cabía dentro de sí al ver tanto disparate, se llevó las manos a la cabeza cuando vio una casa muy característica del lugar:

las ventanas del techo les mostraban cada noche la luna y las estrellas y servían de cobijo a los búhos

– ¡Una casa sin ventanas! – exclamó.

– Si, – contestó el rey de La Equivocación – cuando la construyeron se les olvidó colocarlas y se dieron cuenta cuando los obreros ya estaban haciendo el techo. Así que, para remediarlo, llenaron el tejado de ventanas. Desde entonces, a todas las casas que se construyen en el reino se les colocan ventanas en el techo…para poder ver las estrellas.

 

Al finalizar el paseo por la ciudad, el rey de La Equivocación le pidió a su vecino, el rey de La Perfección, que escribiera unas palabras en el libro de visitas, pues todas las personas importantes que venían al pueblo lo hacían. El rey de La Perfección, encantado, empezó a escribir en aquel libro.

Al cabo de un rato, se acercó un niño que observaba atentamente cómo éste escribía. Una vez el rey hubo finalizado su dedicatoria, el niño, tirando del brazo de su madre con una mano y con la otra señalando al rey de La Perfección, exclamó:

– ¡Mamá, mamá! ¡Ese señor no sabe escribir!… ¡No usa la goma de borrar!

 

REFLEXIÓN:

Dicen que es de sabios equivocarse. Y, es que, detrás de los grandes descubrimientos de la humanidad siempre hay fallos y continuas aproximaciones. Me viene a la mente el descubrimiento de América, por ejemplo. Es la experiencia lo que nos hace más sabios, el aprender de nuestros aciertos y nuestros errores. Por eso, el hombre inventó el lápiz y, a continuación, la goma de borrar.

Si fuésemos “perfectos”, y no cometiésemos errores, seríamos meras máquinas. Las máquinas también fallan y, cuando eso ocurre, son los humanos los que las arreglan pues también fueron sus creadores. Si la vida fuera perfecta, seríamos todos iguales y predecibles y nos perderíamos el encanto de descubrir a la otra persona y de vivir sin saber qué pasará.

Un niño no se asombra ante una equivocación pues somos los adultos los que le guiamos y le enseñamos lo que está bien y lo que está mal, lo que es correcto y lo que es incorrecto, algo que, además, depende mucho del contexto cultural.

A veces es muy sano recuperar esa falta de asombro del niño que llevamos dentro ante los extraordinarios acontecimientos de la vida, aceptándola tal y como es, imperfecta, impredecible y maravillosa.

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2 comentarios en “El Reino de La Equivocación

  1. estoy muy contenta de descubrir tu blog, me gusta tu estilo, las moralejas y las ideas tan frescas para hablar de lo cotidiano. gracias

    1. Muchas gracias, Mona! Me alegra mucho saber que estas historias que me surgen como ayuda para mi misma puedan servir para ilumir otros caminos. Un abrazo de cuento!!!

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