La Princesa y su Maleta

La princesa mayor tenía muchos juguetes, todos los que quería, pero lo que menos le gustaba era compartirlos con la princesa pequeña. Guardaba en su cuarto todos los juguetes del palacio. La princesa pequeña, por lo tanto, no tenía juguetes.

Un día, buscando algo con lo que jugar, la princesa pequeña encontró la vieja maleta del abuelo. Era una maleta de piel, desgastada por el uso, pero a la niña le parecía maravillosa pues estaba vacía y podría llenarla con lo que quisiera.

Desde entonces, la princesa pequeña, guardaba en su maleta objetos de todo tipo que encontraba por el palacio, la mayoría apilados en la puerta trasera de la casa, objetos que ya nadie quería y se disponían a tirar, desde libros roídos por algún bichito hasta velas desgastadas o trozos de tela de diferentes colores y texturas. A todo esto añadía objetos que encontraba en sus paseos por el jardín, como piedras de extrañas formas, hojas caídas de los árboles o conchas de caracoles.

Y así, la princesa pequeña, fue llenado su preciada maleta durante muchos años. De tarde en tarde, la abría e iba recordando dónde cogió cada objeto o inventaba qué historias encerraban. Su hermana, la princesa mayor, al principio se reía de ella: “¿Dónde irás con esa andrajosa maleta?”, le decía en un tono burlón mientras peinaba a sus hermosas muñecas. Pero con el tiempo empezó a sentir curiosidad, “¿qué guardará ahí dentro? Parece que se divierte mucho con esa apestosa maleta”, se decía la princesa mayor. Hasta que un día, dejó a un lado sus muñecas y, en un despiste de su hermana, la princesa mayor cogió la misteriosa maleta y se la llevó a su cuarto.

Cuando la princesa pequeña se percató de la falta de su maleta, se puso muy triste y comenzó a buscarla por todo el palacio. La princesa mayor nunca le dejaba entrar en su habitación pero, en un descuido de ésta, se coló dentro. Y fue entonces cuando descubrió, para su desagrado, que su maleta estaba allí, entre los juguetes de la princesa mayor, abierta y vacía. Al verla sintió ese mismo vacío como un pinchazo en su estómago. Miro a su alrededor y comprobó que todas sus cosas estaban sobre la cama de su hermana. Se apresuró hacia ellas corroborando que no faltaba nada, lo que le supuso un gran alivio.

Poco después le sorprendió allí la princesa mayor, rabiosa al ver a la princesa pequeña en su cuarto y, claro, nerviosa porque le había descubierto.

– ¡Vaya unos trastos estúpidos guardas en tu maleta! – gritó la princesa mayor – ¿para esto tanto misterio?

La princesa pequeña, entre sollozos, contestó:

– ¡No son trastos estúpidos! Mira… – dijo mientras cogía aquella piedra blanca en forma de estrella. Y, uno a uno, le fue contando dónde había obtenido cada objeto y que significaban para ella pues cada uno tenía su propia historia.

La princesa mayor se quedo boquiabierta:

– ¡Vaya! – exclamó – ¡Qué historias tan chulas! ¡Cuéntame la de esta velita!

 

Desde entonces, todos los sábados, las dos princesas se reunían en el cuarto de la princesa mayor, y la princesa pequeña narraba las hermosas historias que encerraban los objetos que cogía cada semana. Tras escuchar todas las nuevas anécdotas, la princesa mayor sacaba sus muñecas y, juntas, las peinaban y las vestían.

 

REFLEXIÓN:

Este cuento nos habla de “Celos”, esa emoción que todos sentimos en algún momento de nuestras vidas, bien con hermanos bien con personas que cumplen la función de hermano.

Podemos definir los celos como una respuesta normal a una sospechada y potencial amenaza de pérdida de afectos. Nos sentimos poseedores, que tenemos el derecho de tener esos afectos y alguien o algo amenaza con quitárnoslo. Aparecen en el primer año y medio de vida, es difícil se sientan antes y se suelen dar hasta los 7 años, entre niños. Se pueden observar a más edad pero son personas que los llevan arrastrando desde más pequeños

La envidia es peligrosa tanto el sentirla como el que la sientan hacia ti. Estaría por un lado la vergüenza de ser malo, de tener celoso, y por otro la de hacer las cosas bien, de ser objeto de envidia.

Los cuentos de los celos nos dicen que lo importante es decir que EXISTEN, que las personas tienen celos. El simple acto de escuchar o leer un cuento de celos ayuda a normalizar esa emoción y poder expresarla.

Por otro lado, este cuento también nos enseña la importancia de cultivar nuestra creatividad interior pues la maleta y las historias que encierran cada uno de sus objetos tienen más valor que los propios objetos.

Cosechemos de la vida eso que nadie nos pueda arrebatar.

 

 

Anuncios

6 comentarios en “La Princesa y su Maleta

  1. Tengo un cuarto trastero lleno de objetos y tu cuento me ha hecho pensar las historias que puedo descubrir en ellos,lo que encierran.Y pensar que iba a tirarlos….

    1. Busca esa vieja maleta en tu corazón, guárdalas en un sitio cálido y sácalas de vez en cuando para quitarles el polvo pero, sobre todo, sean del color que sean (rojo pasión, negro oscuridad, blanco pureza, amarillo alegría…) trátalas con cariño. Y, por supuesto, continúa pues la vida siempre va pa’alante!!!
      Un abrazo y gracias!!

  2. Un cuento precioso Maria. También tengo una maleta (imaginaria?) donde guardo muchos objetos (imaginados?) con sus historias…Bendita imaginación!
    Me parece muy importante el tema que tratas, los celos, porque envenenan mucho y a muchos…me quedo con el cuento, por si algún día lo necesito 😉
    Gracias por estas historias maravillosas!
    Un beso!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s