La Partida de Ajedrez

El Señor García y el Señor Pérez, todos los martes se encontraban para jugar su ya tradicional partida de ajedrez.

Solían verse a eso de las cinco de la tarde, frente al santuario, en la arboleda dónde se podía contemplar, desde lo alto, toda la ciudad. Siempre ocupaban la misma mesa de piedra, una de las cuatro que tenían dibujado un tablero de ajedrez.

El Señor García se encargaba de llevar las fichas y, mientras esperaba al Señor Pérez, iba colocando cada una en su lugar. Él siempre jugaba con las negras.

Aquella tarde, el Señor García colocó las fichas tal y como habían quedado la semana anterior, lo recordaba perfectamente pues había pasado toda la semana imaginando mentalmente sus estrategias para continuar la partida. Esperó la llegada de su compañero de tablero hasta las ocho de la tarde, cuando el sol comenzó a ponerse y la luz era cada vez más tenue.

A la semana siguiente, el Señor García repitió la misma operación; a las cinco de la tarde dispuso las fichas para retomar el juego y esperó hasta la puesta de sol. Pero el Señor Pérez tampoco apareció.

Habían pasado ya tres semanas cuando el Señor García volvió y lo preparó todo igual que los martes anteriores, a las cinco de la tarde. Esta vez no colocó las fichas en el tablero.

 

Pasaron dos años y el Señor García seguía esperando al Señor Pérez, en aquella mesa de piedra con el tablero de ajedrez dibujado, contemplando, desde la arboleda del santuario, como el sol se ponía sobre la ciudad.

No volvió a tener noticias del Señor Pérez pues nunca supo apenas nada de su vida, ni dónde vivía ni si era feliz, excepto que siempre jugaba con las fichas blancas por lo que era él quién comenzaba las partidas.

 

Aquella partida nunca se concluyó pues el Señor García no volvió a tener compañía, en aquel tablero de ajedrez, a los pies del santuario.

 

REFLEXIÓN:

Las relaciones son como una gran partida de ajedrez en las que cada uno de nosotros movemos fichas. Pero, ¿qué ocurre si uno de los jugadores deja la partida?

Con este cuento quiero invitarte a reflexionar sobre cómo “juegas” en tu vida; ¿eres de los que siempre mueven ficha primero? ¿o quizá eres de los que esperan que el otro haga el primer movimiento?

En las relaciones tiene que haber cierto equilibrio en los movimientos pues si no puede suceder que nos encontramos dependientes de los que haga una sola persona o bien que esa persona  que siempre mueve se canse de ser la que dirige.

Es más, te planteo otra pregunta, ¿conoces realmente a tus compañeros de juego? ¿sabrías dónde buscarlos para continuar la partida?

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6 comentarios en “La Partida de Ajedrez

    1. Eso no es verdad…igual no has visto la cantidad de compañeros y compañeras de tablero que has tenido. Mira a tu alrededor y comienza una nueva partida 🙂

  1. Me encantó este cuento. Siempre sucede en las relaciones, sobre todo en las de pareja, que es uno solo quien inicia la partida y el otro la continúa, pero nunca toma la iniciativa. Pueden pasar años sin que se vean y uno de ellos conserva la mesa puesta por si acaso aparece. Saludos, María. Como en otras ocasiones, es un placer leerte.

    1. Me encanta esa imagen que citas de quedarse con la mesa puesta por si la otra persona aparece. Así de complicadas son a veces las relaciones.
      Muchas gracias por tus hermosos comentarios.
      Un abrazo!

    1. Estoy de acuerdo, Alejandro, creo qu ela única estrategia debería ser dejarnos fluir en la danza del dar y recibir.
      Muchas gracias por tu comentario!
      Un abrazo

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