En el Faro

Cuando quise darme cuenta estaba en lo alto de aquella extraña torre. “¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Dónde estoy?”, me pregunté.

Me sentía realmente desorientada. Paré unos instantes, respiré profundamente, cerré los ojos y, al volver a abrirlos, fui reconociendo, poco a poco, cuanto me rodeaba.

El mar, el infinito e inmenso mar frente a mí. Me giré, a mi espalda, la arena y, más atrás, las rocas que conducían al pueblo.

Desde pequeña deseaba subir al faro, lo admiraba asomada en mi ventana, majestuoso, sobresaliendo entre las escarpadas rocas, iluminando el oscuro y profundo océano en la noche.

Siempre había soñado con ese momento en el que podría contemplar todo mi mundo desde lo alto de aquella mágica y misteriosa torre. Curiosamente, no recordaba cómo había llegado hasta allí.

Volví a cerrar los ojos, esta vez durante un largo rato, inspirando profundamente. La fresca brisa marina me acariciaba las mejillas y el olor a sal me reconfortaba en cada aliento.

Entonces, poco a poco, fui recordando cada pequeño paso que había dado. Desde que salí de casa, decidida al fin a subir, atravesando el pueblo y las escarpadas rocas, caminando después sobre la húmeda arena para, a continuación, comenzar a subir, peldaño a peldaño, la retorcida escalera hasta llegar al balcón desde el cual el faro despedía aquellos hermosos destellos.

Si, entonces recordé que durante todo el camino nunca aparté la vista del faro, nunca miré atrás, avancé con calma disfrutando de cada paso, pues debía llegar al anochecer para deleitarme con la luz del faro en todo su esplendor.

Al fin estaba allí, en la oscuridad del mar en calma, junto aquella luz que en un instante alumbraba cálidamente cuánto me rodeaba y al instante siguiente parecía haberse marchado para siempre.

REFLEXIÓN:

A veces emprendemos caminos en busca de nuestros sueños y cuando llegamos a ellos, olvidamos que cada pequeño paso que dimos nos condujo allí y que fuimos nosotros mismos quienes dimos esos pasos.

Una vez en lo alto, una vez tocamos eso que tanto hemos anhelado, el miedo nos puede hacer sentir momentos de oscuridad, de no poder aceptar nosotros mismos eso que hemos conseguido, de no vernos merecedores de nuestros éxitos.

En esos instantes de oscuridad, si tienes paciencia y, sobre todo, no te olvidas de que fuiste tú quién dio cada paso para llegar allí, si no lo olvidad, entonces, tras la oscuridad, una cálida luz te anunciará que lo has conseguido.

Nunca renuncies a tus sueños, continúa caminando sin perder de vista tu objetivo a pesar de que haya momentos en que tengas que avanzar un poco a tientas. Y una vez lo hayas logrado, disfrútalo, date la enhorabuena y sonríe a la vida.

 

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7 comentarios en “En el Faro

  1. ¡Qué bien que te salen las cosas!… ¡Qué bien que te van a salir!
    María, me alegro mucho de sentirte ahí en lo alto del faro, se te ve muy… pero que muy bien…disfrútalo! Disfruta de la magia de esa torre… ¡porque lo mereces! por cada uno de esos pasitos, por cada uno de esos escalones… que decidiste subir…
    Un millón de gracias por brillar desde lo alto, para tod@s nosotr@s…

      1. Estoy segurisíma, que te seguirán saliendo, y muy bien las cosas. La constancia, con una pequeña dosis de paciencia, lo soluciona todo.

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