El Grillo que no Sabía Cantar

Había una vez un pequeño grillo que no sabía cantar.

Durante todo el invierno, papá grillo, mamá grilla y todos sus amigos grillos le habían estado hablando del gran concierto nocturno en el que todos los animales del bosque se reunían  junto al gran roble para escuchar el concierto de grillos que anunciaba el inicio del verano. Este iba a ser su primera actuación y estaba realmente preocupado pues el pequeño grillo no sabía cantar.

Decidió pedir ayuda a los animales que mejor cantaban y, en primer lugar, fue a visitar al canario que todas las mañanas entonaba hermosas melodías en las ramas del roble.

– Amigo canario – dijo el pequeño grillo – ¿me podrías enseñar a cantar?

– ¡Uy, claro! – contestó el Canario – es muy fácil. Sólo tienes que levantar bien alta la cabeza, coger mucho aire y poner el pico así, hacia arriba, como un embudo – y el pajarillo comenzó a trinar una hermosa canción.

– Gracias amigo canario – respondió el grillo.

El pequeño grillo hizo todo lo que su cantarín amigo le había enseñado pero, por más que levantaba su cabeza e intentaba poner la boca en forma de embudo, no consiguió de ningún modo que le saliera una canción, es más, casi se atragantó de tanto que alzó su cabeza.

Al día siguiente, cuando ya estaba oscureciendo, se acercó al búho que cada noche cantaba, en aquel mismo roble, cuando el canario ya dormía.

– Amigo Búho – dijo el pequeño grillo – ¿me podrías enseñar a cantar?

– ¡Uy, claro! – contestó el Búho – es muy fácil. Sólo tienes que abrir bien los ojos, llenar tu barriga de aire y poner la boca en forma de U…cu-cu, cu-cu….

– Gracias querido Búho – le agradeció el grillo.

El pequeño grillo hizo todo lo que el sabio búho le enseñó, abrió bien sus diminutos ojos, llenó su tripita de aire y, con la boca en forma de u….. uhhhh… eso fue todo lo que le salió, ni mucho menos una hermosa canción.

A la mañana siguiente, decidió preguntar al sapo, que durante toda la noche estuvo croando en su charca, entonando graciosas melodías.

– Amigo Sapo – dijo el pequeño grillo – ¿me podrías enseñar a cantar?

– ¡Uy, claro! – contestó el Sapo – es muy fácil. Sólo tienes que inflar tus mofletes e ir sacando el aire poco a poco…. crooooac, croooaaaac.

– Gracias alegre sapo – dijo el grillo con la esperanza de conseguirlo esta vez.

El pequeño grillo siguió al pie de la letra los consejos del sapo, infló sus mofletes todo lo que pudo y fue sacando el aire poco a poco…prrrff prrrfffff… pero nada de nada, eso no se parecía nada al gracioso canto de sapo.

 

Esa misma noche era el gran concierto de bienvenida del verano y el pequeño grillo, aún, no sabía cantar. Se refugió en el gran roble, estaba muy nervioso pues por más que le había dicho a papá y mamá grillo que no quería actuar, estos le dijeron que, como todos los grillos, esta noche debía cantar.

Cuando llegó la hora de la función, todos los animales del bosque se reunieron alrededor del gran roble. El pequeño grillo estaba muy austado. Y  llegó su turno… subió al escenario, tiritando de miedo y, entonces, comenzó a frotar sus patitas intentando que el temor y el temblor se le calmasen. En ese preciso instante, cuando sus patitas chocaron una contra otra, un hermoso y agradable sonido nació de su diminuto cuerpecito… ¡¡cri-cri, cri-cri!!

– ¡Fabuloso! – gritaron todos, al tiempo que le dieron un enorme aplauso.

REFLEXIÓN:

Desde que somos niños, nos suceden momentos en que sentimos lo que podemos denominar como “pánico escénico”, que es un miedo enorme ante situaciones en las que nos tenemos que exponer ante un público, a veces se trata de actos grandes y otras, simplemente,  de reuniones familiares o de amigos en las que nos da un gran temor sentirnos el centro de atención. Esta fobia a sentirnos observados y evaluados nos puede llegar a bloquear por completo, sobre todo porque suele ir acompañada de pensamientos del tipo “no lo voy a hacer bien”, “no estoy a la altura”, “no se” o “se reirán de mí”. Estos pensamientos crean una respuesta fóbica que suele ser desproporcionada y alejada de la realidad pues hacen que olvidemos nuestras verdaderas cualidades por las cuales los demás desean escucharnos.

Ante esta clase de situaciones te invito a que seas tú mismo/a, no intestes compararte con otros que  crees lo hacen mejor, pues cada uno tenemos un modo de ser, hablar y actuar peculiar, único.

Muéstrate como eres, déjate sentir el miedo y, con él, afronta la situación. No lo apartes pues eso te bloqueará. Y, sobre todo, haz lo que sabes hacer pues un canario trina, un búho hace cu-cu, un sapo croac-croac y un grillo…cri-cri.

Y tu… ¿qué sabes hacer?

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6 comentarios en “El Grillo que no Sabía Cantar

  1. muy lindo, es una gran lección, la compartire a analizare en clase de tutoria con mis chicos de secundaria, gracias!!

  2. Una vez más graciaspor este cuento. Eso mismo me pasa a mi en los examenes orales, me dan pánico. Yo procuro respirar profundamente y decirme a mi misma que me sé el temario y que todo saldrá bien.
    Pero es cierto que algún examen he llegado a suspender por ese temor, temor que me ha dejado en blanco.
    Pero tendré presente este cuento en los siguientes 😀 . Gracias 🙂

    1. Gracias Noelia por tu sincero comentario…al final la clave está en comprender y aceptar que esa inseguridad nos acompañará siempre, cada uno en la situación que le suceda, en lugar de querer anularla pues entonces es cuando nos sentimos peor. Coge a tu inseguridad de la mano y llévatela a los exámenes orales en lugar de machacarla y querer apartarla de ti pues, ya sabes, ella también eres tu.
      Un abrazo y suerte!!!!

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