Más Atención, Más Responsabilidad

¿Qué hay detrás de la falta de compromiso y responsabilidad cada vez más acusada en nuestra sociedad? Entre otros muchos factores, podemos decir que somos novatos en el manejo de nuestra atención, algo que encontramos en el origen de este tipo de problemas.

De una manera sencilla se entiende la atención como la capacidad para observar lo que nos interesa y dejar de mirar lo que no queremos o no deseamos ver.

De entre los varios tipos de atención que los estudiosos del tema han clasificado, me gustaría señalar uno de los cuáles he observado y considerado relevante en nuestros procesos de crecimiento personal.

–          Atención interna o externa: se denomina así en la medida en que dicha capacidad esté dirigida hacia los propios procesos mentales o a todo tipo de estimulación interoceptiva, o bien hacia los estímulos que provienen del exterior.

En cuanto a la primera clasificación, si nos fijamos en un niño pequeño, éste tiene poco control sobre su atención externa, pues, está guiada por estímulos ajenos, principalmente, y no sabe cómo filtrar cuáles son los más relevantes para él. Es la madre quien tiene que ir indicándole por dónde caminar, cuándo cruzar la calle, etc. Por el contrario, el pequeño tiene una buena conexión con su atención interna; cuándo tiene hambre pide comida, cuando tiene sueño quiere dormir, cuando algo le agrada sonríe y quiere más, cuando algo no le gusta llora y se aleja, cuando algo le interesa lo demanda, etc. Su atención interna está en sintonía con sus necesidades incluso a pesar de no tener aún desarrollados del todo los procesos mentales…o gracias a eso quizá.

A medida que vamos creciendo aprendemos a focalizar nuestra atención externa pues sabemos por dónde caminar y cuándo cruzar la calle. Pero nuestra atención interna se va degradando cada vez más, nos cuesta escuchar lo que nuestro organismo nos demanda y decidir qué pensamientos o necesidades fisiológicas merecen la pena ser foco de nuestro interés. Nos encontramos entonces, en nuestra adultez, con grandes bloqueos y crisis a las que nos enfrentamos fruto de dudas e indecisiones que surgen, la mayoría, de no saber escuchar a nuestro interno, más allá de los pensamientos que ocupan toda nuestra atención.

Siguiendo en esta línea, una de las funciones de la atención es la de estructurar la actividad humana; facilita la motivación consciente hacia el desarrollo de habilidades, determinando así la dirección de dicha atención. Teniendo en cuenta esto, más lo expuesto anteriormente, nos encontramos, pues, viviendo en un mundo repleto de personas que no cumplen con sus obligaciones o que hacen daño a otras “sin querer”, no hay mala intención pues ha sido un descuido, algo que “puede pasarle a cualquiera”. Este tipo de situaciones que tanto se repiten, este “fue sin querer” o “me olvidé”, nos aleja cada vez más de nuestras responsabilidades. Por lo tanto, parte del problema de inmadurez que encontramos en adultos radica en esta falta de atención, pues ésta es la que precede al interés y a la intención. Es decir, es la que enciende la mecha de la acción.

atenciónA veces,  hasta lo que más nos interesa se nos olvida pues nuestra mecanicidad no quiere salir de la llamada “zona de confort” impidiéndonos el control sobre nuestra propia voluntad. Por eso, para ejercitar la voluntad hay que ir poco a poco, observándonos y conociéndonos y, desde ahí, poner atención. Ser conscientes de que nuestra máquina querrá volver a sus automatismos e intentar ir por delante de ella, ser más listos y rápidos que ella. Pero, ¿cómo? A veces puede ser a partir de algo tan sencillo como ponernos una alarma en el móvil, un post it en el espejo del baño o el clásico recordatorio trazado en nuestra mano con un bolígrafo… “llamar a Pepe”, “cumpleaños Juan”, “comprar el pan”, “escribir”, “cantar”…

Si sabemos que nuestra atención nos fallará, ayudémosla a focalizarse y a centrarse, como si se tratase de ese niño que cogemos de la mano para cruzar la calle. Pero, sobre todo, no lo abandonemos sólo porque un día se nos olvidó atenderlo: vuelve a intentarlo, vuelve a interesarte, vuelve a prestarle atención, vuelve a mirarlo y a escucharlo porque no hay nada peor que olvidarse de sí mismo. Y esto si es una gran responsabilidad.

 

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