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¿Qué nos dicen los cuentos sobre…. EL REY y LA REINA?

Si nos quedamos con la superficie de los cuentos y los analizamos desde nuestra mente racional de adultos, cometeremos muchos errores y nos cebaremos en críticas sobre lo políticamente correcto. Y es que uno de los aspectos más criticados de los cuentos son las alusiones a la realeza puesto que hay  numerosos cuentos en los que aparecen reyes, reinas, príncipes, princesas, palacios… (también los hay en los que aparecen campesinos, zapateros, jornaleros, etc) Si nos limitamos a entenderlos desde nuestro adulto racional, que rige sobre todos los aspectos de nuestras vidas (o eso creemos), sólo veremos eso; la realeza  y claro, nos parecerán clasistas.

Ya es hora de que comprendamos que los cuentos no van dirigidos a los adultos, y por tanto, tampoco a nuestra mente adulta y racional sino a los niños y, de ahí, a nuestro niño interno, simbólico, que es quién los va a entender. Esto explica por qué a los niños les gustan tanto los cuentos y no entran en conflictos de formas. Todos llevamos dentro ese niño que fuimos, maravillosamente a todos nos siguen llegando los mensajes más ocultos de los cuentos. Te invito a que cuentes un cuento a adultos y observes sus caras… inexplicable. La crítica adulta viene después, cuando la mente racional se asusta de que la hayan dejado fuera y haber perdido el control durante los pocos segundos que duró la narración.

Volviendo a la realeza, quiero plantear la siguiente cuestión: ¿de qué nos hablan los cuentos cuando nos plantean una historia de un rey y una reina?

En un primer momento si nos hablan, literalmente, de esas figuras de autoridad, figuras que pueden tener que ver con los mandatarios de un país, pueblo o barrio. Pero eso no es todo, también nos hablan de cualquier figura que ejerza la autoridad en un momento dado; como un jefe, un maestro y, como no, papá y mamá. Bastante simple, ¿verdad?

Claro que entonces nos podríamos preguntar por qué no aparece simplemente un alcalde, un padre o un profesor. Sencillo: de esta manera, a nivel simbólico, las figuras del rey y la reina engloban todas las figuras de autoridad, dejando libertad para que cada escuchante proyecte en ellas las que en ese momento gobiernan determinados aspectos de su vida. Por otro lado, si no olvidamos en ningún momento que el lenguaje de los cuentos es simbólico, podemos recurrir a los arquetipos de rey y reina, de los que podemos encontrar alusiones procedentes de diferentes culturas desde la antigüedad. Y es desde ahí desde donde los cuentos dan un paso más allá y le hablan a nuestra naturaleza más profunda.  Nos dicen que un rey o reina representan la mente iluminada, con su corona dorara cuyas puntas reciben la luz directamente del sol y de la luna. ¿Hay algo que alumbre más que el sol por el día y la luna por la noche? Por tanto, son personas que están conectadas con un saber ancestral que los conecta con la sabiduría tanto de la propia naturaleza como del más allá, de lo que se ve en el mundo material como de lo que no se ve en el mundo de las ideas, emociones y almas. Son personas que están abiertas a ver no conformase con las simples apariencias de las cosas.

Si todavía queremos dar un pasito más, un rey y una reina son personas que rigen sobre sus propias ideas, pues con es claridad que conocen el mundo también se conocen a sí mismos y son dueños de sus vidas, reinan en sus vidas. Han adquirido tal manejo de su mente racional y sus ideas que son capaces de gobernar sobre sus vidas haciendo uso de la más profunda sabiduría de las energías masculinas y femeninas que hay dentro de sí mismos, sin dejarse llevar por motivos que no sean justos para su reinado (los reyes de los cuentos tradicionales siempre son justos).

Partiendo de ahí, por lo tanto, un príncipe o una princesa no son más que reyes en potencia, pero en ellos entraremos en otro post.

Sirvámonos pues de frases que, gracias al inconsciente colectivo, aún conservamos y que, sin darnos cuenta, forman parte de la inteligencia simbólica popular al igual que los cuentos. Frases como “Ser rey/reina de su casa” o “Vivir como reyes” condensan, en cierto modo, todo lo que los cuentos nos dicen al respecto.

Dejemos pues los cuentos para lo que son, para contar y escuchar. Y las críticas políticas dejémoslas también para lo que son, para criticar acciones políticas.

Disfrutemos de los hermosos cuentos que nos ha dado la tradición popular sin otro afán que dejar volar a nuestro niño interior a ese dulce momento en que un día será coronado como rey de su vida.

 

¿Reinamos?Ahora yo te pregunto: ¿Te atreves a apropiarte de tu corona? ¿Qué te impide ser rey/reina de tu vida?

 

Algunos cuentos de reyes:

Cuentos de tradición oral: podemos encontrar versiones originales en los libros de Antonio Rodríguez Almodóvar “Cuentos al amor de la lumbre”, de Anaya y en los libros de los hermanos Grimm “Cuentos de niños y del hogar”.

> Cuentos enseñanza: numerosos libros sobre cuentos de diferentes culturas tienen cuentos en los que aparecen reyes. Muy recomendable: “Cuentos de reyes, magos, princesas y luciérnagas” de Julio Peradejordi, de Obelisco.

> Cuentos ilustrados: Los cuentos de la colección de la Pequeña Princesa del autor Tony Ross.


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¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL LOBO?

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL BOSQUE?

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¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL LOBO?

Los cuentos nos dicen que en la vida te encontrarás, tarde o temprano, con el lobo.

Nos dicen que cuando vayas por tu camino tengas cuidado con él pues, una cosa está clara, el lobo siempre querrá comerte. No te confíes si en algún momento es amable, sólo sera una táctica para embaucarte. Los cuentos nos dicen que el lobo tiene hambre de nosotros y que, por más que lo intente, no podrá ocultar durante mucho tiempo sus garras, sus dientes y su apetito feroz.

Los cuentos nos dicen que cuando el lobo aparezca te pongas en guardia pues su intención última es engullirte. No le importa que seas alto o bajo, joven o viejo, listo o tonto, guapo o feo, buena o mala persona… Él sólo quiere saciar su hambre y tú serás su objetivo.

Los cuentos nos dicen que cuando te encuentres con el lobo agudices tu ingenio para crear una estrategia que te permita salir vivo. Nos dicen que si no estas aún maduro para enfrentarte a él te sentirás tan diminutoncomo el cabritillo que cabía en la caja del reloj. Ante el lobo todos nos sentimos pequeños e indefensos; es grande, peludo, con grandes garras, ojos intensos y dientes afilados. No es fácil salir de ahí ileso, pues sabe muy bien cómo anularnos.

Aun así, los cuentos también nos dicen que sí se puede, nos dicen que nos construyamos una casa tan sólida que él no pueda invadir ni derribar. Que pongamos esmero en nuestros cimientos que nadie nos pueda tambalear con malas tretas. Nos dicen que pidamos ayuda a nuestros hermanos, compañeros o figuras de autoridad. Nos dicen que también es valiente el que pide ayuda, el que reconoce que hay lobos ante los cuáles uno no esta preparado para plantarle cara aún.

Los cuentos nos dicen que los lobos existen,  que la vida no es de color de rosa y que a veces sentirás que unos ojos salvajes te observan, a veces sentirás que unas puntiagudas orejas te espían, a veces sentirás que unas garras te aprisionan, a veces sentirás que eres el objetivo para saciar un hambre feroz.

Los cuentos nos dicen, siempre, que todo saldrá bien. Nos dicen que vencerás al lobo. Nos dicen que no hay que apiadarse de él, que tiene que recibir un castigo por el daño causado porque el lobo es malo y lo será siempre.

Los cuentos nos dicen que podemos dormir tranquilos por la noche y caminar en paz por el día puesto que quién te acosaba y quería devorarte ya ha pasado a mejor vida o se ha ido tan lejos que nunca más se supo de él…nunca nunca.

Y ahora yo te pregunto: ¿Qué lobo o lobos te persiguen? ¿puedes nombrarlos? ¿dónde viven…fuera o dentro de tí? Y, por último, ¿eres capaz de sacarlos de tu vida, con o sin ayuda?

wpid-wp-1443969545654.jpegAlgunos cuentos con lobos:
Cuentos de tradición oral:
> Los tres cerditos, los siete cabritillos, caperucita roja (busca siempre versiones originales)
Cuentos ilustrados:
> Un lobo así de grande, de Natalie Louis-Lucas y Kristen Aertssen, editorial Océano Travesía
> Monstruo pequeño dice ¡No!, de Áslaug Jónsdóttir, Rakel Helmsdal y Kalle Güettler, editorial Sushi Books (no aparece el lobo pero a nivel simbólico es el mismo arquetipo y ayuda a proyectar las amenazas tales como las del lobo)


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¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL BOSQUE?

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¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL BOSQUE?

El bosque y yoLos cuentos nos dicen que un día te adentrarás en el bosque y que en él, te perderás. Te perderás en un lugar oscuro, sombrío y repleto de animales salvajes que acechan desde la penumbra.

Los cuentos nos dicen que un día saldrás de la comodidad de tu hogar y te sumergirás en la incertidumbre de lo desconocido, en un oscuro y espeso bosque donde cada paso que des será crucial para tu destino.

Los cuentos nos dicen que, a pesar de caminar por un lugar salvaje e inexplorado para ti, continuarás avanzando. Porque en los cuentos no hay marcha atrás ni rendición y el protagonista nunca se plantea perder.

Los cuentos nos dicen que salir del bosque con vida, triunfante y con una mayor autonomía y maduración es posible. Apartar ramas, ignorar ojos que observan, parar monstruos devoradores y engañar a brujas, ogros y lobos siendo más astutos que ellos son sólo algunas de las pruebas que nos esperan.

Los cuentos nos dicen que dentro de nosotros hay un valor y un coraje que desconocemos. Sólo caminando y atravesando nuestros miedos, podremos nombrarlos y ponernos a prueba.

Los cuentos nos dicen que, para sobrevivir en el bosque, la mejor estrategia es continuar, siempre adelante y sin mirar atrás. Y así, llegarás a tu nuevo estado, a tu nuevo hogar, a tu final feliz.

Tan sólo una advertencia: posiblemente, cuando hayas atravesado el bosque, ya no serás la misma persona, igual has crecido uno o dos centímetros. No te asustes, sigues siendo Tú.

>>>Y ahora te pregunto:¿Cómo es tu bosque?, ¿qué peligros hay en él? y, como no, ¿te atreves a entrar?<<<<

Algunos cuentos del bosque:

Cuentos de tradición oral: Hay numerosos cuentos en los que el bosque aparece: Hansel y Gretel, cpaerucita roja, ricitos de oro, los tres cerditos, el príncipe durmiente, el príncipe sapo, pulgarcito, entre otros.

Cuentos ilustrados: El camino que no iba a ninguna parte, de Gianni Rodari


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CUENTO: Más allá del bosque

El Tiempo se paró 

Hay momentos en los que el tiempo se para. El dolor es tan profundo que las manecillas del reloj se quedan sujetándolo, agarrando el punto de origen para que el mundo no se desmorone.

Hay momentos en los que el tiempo se para. La mente se quedo allí, con el dolor. No sabe qué día es, no sabe dónde está, no entiende cuanto le hablan. 

Hay momentos en los que el tiempo se para. Todo está en blanco. Tan sólo queda dejarse caer sobre el reloj vacío y esperar a que vuelva el tic tac. Un nuevo tic tac. 

  

Libremente Feliz

A menudo confundimos la felicidad con estar alegres. Y no la alcanzamos.

La felicidad bebe de la liberación, la liberación de permitirnos estar tristes, miedosos, contentos, enfadados, amorosos, confundidos. La liberación de dejarnos ser. 

Quizá la verdadera felicidad sea tan sencilla como respetarnos y amarnos a nosotros mismos con lo que somos, con lo que hay.

De igual modo que nos gusta que nos traten los demás, así tratarnos.

Y dime tú…¿te respetas? ¿te amas?

  

Veo, veo

PanchitaDicen que los perros se parecen a sus dueños. La verdad es que, como amante de los animales, siempre me ha gustado fijarme en esto y si, así es. Pero esto es sólo una pequeña afirmación de una más grande, que sería afirmar que el mundo se parece a las personas.

Cada cosa que poseemos, ya sean mascotas, coches, móviles, casas… y un largo etcétera, se nos parece. Elegimos lo que nos rodea en base a lo que nos resulta más familiar y que se ajusta más a nuestro estilo. Entendemos el mundo según lo perciben nuestros sentidos, vemos según nuestros ojos, lo que hace que todo lo que entra en nuestro campo de visión o percepción sea filtrado por nosotros mismos. No resulta nada extraño decir que cada uno vemos el mundo a través de nuestras propias gafas, algunas vienen de nacimiento, otras se van ajustando según la edad.

Si nos plantamos aquí,  parece algo bastante sencillo pero, entonces, ¿qué hay de la verdad? ¿Cómo saber cuándo algo es verdad para todos y no sólo para uno mismo?

A medida que uno se va conociendo más y se sumerge más y más en las capas de su propia profundidad, se da cuenta de que los seres humanos, inevitablemente, tenemos un punto igual en nuestra visión, aunque sólo sea porque compartimos genética.

Lo difícil es saber cuándo tengo que quitarme mis gafas y mirar al mundo sólo con los ojos. Una vez que sabes eso, una vez que sabes que en infinidad de momentos un alto porcentaje de lo que percibes eres tú, empiezas a acercarte a la verdad, pues ya no entiendes le mundo según tus percepciones solamente sino también según las de los que te rodean. El campo de visión se amplia.

La gran pregunta entonces es aún más sencilla, a la vez que escurridiza: ¿quieres saber la verdad? … Y, para saberla, ¿estás dispuesto a conocer tu verdad?

Si la respuesta es negativa seguirás viendo un mundo filtrado, en tu mundo, pero si es afirmativa, entonces, comenzarás a ver el mundo tal y como es.

Donde empieza tu verdad empieza el mundo real.

Arco Iris

Y el juego dice así:

–          ¡Veo, veo!

–          ¿Qué ves?

Ahora contesta tú.

El Mundo de Mamá

Hace unos días una amiga, madre de tres hijos, me hablaba de cómo, de repente, en los últimos meses, su hijo tiene malos comportamientos; ha pasado de sacar muy buenas notas y ser obediente a bajar nota, contestar mal a los adultos y relacionarse en el colegio con los niños más traviesos y problemáticos.

Muy preocupada  me cuenta que no sabe cómo manejar la situación, lo que le produce mucha ansiedad. De los tres hijos, la más pequeña es un bebé de unos seis meses, que aún toma pecho, la mediana que tiene apenas tres años y el mayor que tiene seis. Además de sus ocupaciones como madre, trabaja por las mañana en una escuela infantil,  por las tardes acude a la universidad para sacarse la carrera de magisterio, lleva a sus hijos a sus respectivas actividades extraescolares y, entre tarea y tarea, acude a casa de sus padres que, debido a su avanzada edad siempre tienen alguna complicación. Su marido trabaja todo el día y cuando llega a casa hace la cena y ayuda con los niños.

Bien, a todo esto, como decía al principio, estos últimos meses se le suman los problemas de conducta de su hijo además de emocionales pues, de vez en cuando, se enrabieta o sufre de miedos nocturnos.

Durante la conversación me cuenta cómo está de estresada con la situación y cómo el comportamiento dificultoso de su hijo le aumenta ese estrés. No entiende por qué; habla con él, lo cual no le aclara nada. Refuerzos, castigos y demás intentos de corregir ese problema no funcionan. Mi amiga es consciente de que el niño lo está pasando mal desde el nacimiento de la hermana más pequeña, mostrando comportamientos regresivos y demandas de atención. Pero aun así, para ella, eso no explica la rabia, los enfados y los comportamientos ansiosos y desafiantes del niño.

Después de escucharla un buen rato me doy cuenta de algo. Todo el tiempo mientras hablábamos he estado empatizando con ella e intentando calmarla. Pero ¿y el niño? ¿Quién empatiza con él?

Ahí está la clave de por dónde empezar a ayudar al pequeño y es que su vida, en estos momentos, no es menos estresante que la de su madre. Acaba de tener una hermana, ahora que estaba empezando a superar el nacimiento de la otra que nació tras él y le robó un poquito de su espacio, único para él. Ahora tiene que hacer cosas de mayor, como ayudar a su hermana o echar una mano a mamá, aunque ella no lo pida. En la escuela ha pasado de infantil a primaria, con las exigencias y los cambios que eso conlleva, como bajar las notas (en una edad en la que no deberían existir aún) o como el cambio de maestra. Su madre está nerviosa, ansiosa y muy ocupada. Su padre también. Sus abuelos están viejitos. Su madre no puede con todo. Él lo sabe. Y, encima, todo lo que se le ocurre para calmar esa rabia y ese miedo sólo le trae problemas y decepciona a sus padres.

Y esta situación, ¿te parece estresante?

Si lo es, y mucho. En el mundo del niño esta situación es lo más parecido a la de su madre. Ambos están en el mismo nivel de ansiedad y exigencia, ambos tienen que hacer frente a situaciones nuevas en las que han de dar más cada día, ambos tienen momentos de sentirse impotentes, ambos tienen miedo a decepcionar a los que les quieren, ambos están realmente asustados a no poder estar a la altura de la situación. El niño vive a través de la madre y ve el mundo cómo ella lo muestra. Si, además, sus situaciones son parecidas pueden llegar a vivenciarlas de modo muy similar. En este caso ambos sufren un gran estrés y mucha frustración ante la sensación de no llegar.

Entonces, ¿por qué no darle a tu hijo lo mismo que tú necesitas? Cariño, paciencia, compasión, mimos, empatía, confianza, amor, comprensión, entre otras muchas cosas nutritivas que se te ocurran. Y, sobre todo, no etiquetarlo, no identificarlo con el problema actual. Ahora es ahora; ahora es una situación delicada y mamá también estará aquí queriéndote y confiando en ti, igual que cuando estás relajado y te portas bien.

Ahora, démosle otra vuelta más. Y a ti, ¿eres capaz de darte todo eso? ¿Eres capaz de quererte y confiar en ti ante una situación delicada igual que lo haces cuando estás feliz y relajada?

Regalos de niño

Más Atención, Más Responsabilidad

¿Qué hay detrás de la falta de compromiso y responsabilidad cada vez más acusada en nuestra sociedad? Entre otros muchos factores, podemos decir que somos novatos en el manejo de nuestra atención, algo que encontramos en el origen de este tipo de problemas.

De una manera sencilla se entiende la atención como la capacidad para observar lo que nos interesa y dejar de mirar lo que no queremos o no deseamos ver.

De entre los varios tipos de atención que los estudiosos del tema han clasificado, me gustaría señalar uno de los cuáles he observado y considerado relevante en nuestros procesos de crecimiento personal.

–          Atención interna o externa: se denomina así en la medida en que dicha capacidad esté dirigida hacia los propios procesos mentales o a todo tipo de estimulación interoceptiva, o bien hacia los estímulos que provienen del exterior.

En cuanto a la primera clasificación, si nos fijamos en un niño pequeño, éste tiene poco control sobre su atención externa, pues, está guiada por estímulos ajenos, principalmente, y no sabe cómo filtrar cuáles son los más relevantes para él. Es la madre quien tiene que ir indicándole por dónde caminar, cuándo cruzar la calle, etc. Por el contrario, el pequeño tiene una buena conexión con su atención interna; cuándo tiene hambre pide comida, cuando tiene sueño quiere dormir, cuando algo le agrada sonríe y quiere más, cuando algo no le gusta llora y se aleja, cuando algo le interesa lo demanda, etc. Su atención interna está en sintonía con sus necesidades incluso a pesar de no tener aún desarrollados del todo los procesos mentales…o gracias a eso quizá.

A medida que vamos creciendo aprendemos a focalizar nuestra atención externa pues sabemos por dónde caminar y cuándo cruzar la calle. Pero nuestra atención interna se va degradando cada vez más, nos cuesta escuchar lo que nuestro organismo nos demanda y decidir qué pensamientos o necesidades fisiológicas merecen la pena ser foco de nuestro interés. Nos encontramos entonces, en nuestra adultez, con grandes bloqueos y crisis a las que nos enfrentamos fruto de dudas e indecisiones que surgen, la mayoría, de no saber escuchar a nuestro interno, más allá de los pensamientos que ocupan toda nuestra atención.

Siguiendo en esta línea, una de las funciones de la atención es la de estructurar la actividad humana; facilita la motivación consciente hacia el desarrollo de habilidades, determinando así la dirección de dicha atención. Teniendo en cuenta esto, más lo expuesto anteriormente, nos encontramos, pues, viviendo en un mundo repleto de personas que no cumplen con sus obligaciones o que hacen daño a otras “sin querer”, no hay mala intención pues ha sido un descuido, algo que “puede pasarle a cualquiera”. Este tipo de situaciones que tanto se repiten, este “fue sin querer” o “me olvidé”, nos aleja cada vez más de nuestras responsabilidades. Por lo tanto, parte del problema de inmadurez que encontramos en adultos radica en esta falta de atención, pues ésta es la que precede al interés y a la intención. Es decir, es la que enciende la mecha de la acción.

atenciónA veces,  hasta lo que más nos interesa se nos olvida pues nuestra mecanicidad no quiere salir de la llamada “zona de confort” impidiéndonos el control sobre nuestra propia voluntad. Por eso, para ejercitar la voluntad hay que ir poco a poco, observándonos y conociéndonos y, desde ahí, poner atención. Ser conscientes de que nuestra máquina querrá volver a sus automatismos e intentar ir por delante de ella, ser más listos y rápidos que ella. Pero, ¿cómo? A veces puede ser a partir de algo tan sencillo como ponernos una alarma en el móvil, un post it en el espejo del baño o el clásico recordatorio trazado en nuestra mano con un bolígrafo… “llamar a Pepe”, “cumpleaños Juan”, “comprar el pan”, “escribir”, “cantar”…

Si sabemos que nuestra atención nos fallará, ayudémosla a focalizarse y a centrarse, como si se tratase de ese niño que cogemos de la mano para cruzar la calle. Pero, sobre todo, no lo abandonemos sólo porque un día se nos olvidó atenderlo: vuelve a intentarlo, vuelve a interesarte, vuelve a prestarle atención, vuelve a mirarlo y a escucharlo porque no hay nada peor que olvidarse de sí mismo. Y esto si es una gran responsabilidad.

 

Cuidando a nuestro Niño Interior

Todos hemos oído hablar de nuestro “Niño Interior”, pero ¿a qué nos referimos realmente?

En el ámbito de la psicología, fue Piaget quién, en sus estudios sobre el mundo psicológico infantil, estableció las etapas o períodos del desarrollo cognitivo. El autor nos habla del pensamiento mágico simbólico, característico de la etapa comprendida entre los 2 y los 7 años, a la que denominó mágico-simbólica, y que más tarde pasaron a llamar pre-operacional (lo de mágico-simbólica parece que no lo consideraban un nombre muy serio). Según Piaget, en este período, el pensamiento del infante, entre otras cosas, es egocéntrico y mágico. Bien sabemos que el niño en esta edad se cree el centro de todos los sucesos, resultándole muy difícil ver las cosas desde otro punto de vista diferente al suyo. Y a esta cualidad se le añade el aspecto mágico, por lo que el niño cree que la magia puede producir acontecimientos, es más, muchos acontecimientos del día a día les pueden parecer productos de ésta, así como la lluvia, un horno que transforma una masa en magdalenas, la luna, un pájaro, una lupa, un teléfono, etc. De ahí que los cuentos de hadas les resulten muy atrayentes en estas edades pues les hablan en su propio lenguaje.

Estas características que Piaget atribuyó al pensamiento mágico-simbólico son las que podemos encontrar en nuestro niño interior. Todos, de un modo u otro, sentimos que dentro de nosotros albergamos a un niño, un niño que nos ha ido acompañando en nuestras experiencias vitales y que solemos sentir frágil, por lo que necesitamos cuidarlo y escucharlo, actuar con él como una madre que lo nutre y lo ampara.

Desde siempre han existido personas que intentan recomponer los traumas y daños emocionales que tenemos los seres humanos pero a veces no basta con una explicación psicológica pues en ocasiones es ese niño interior el que está dañado. Este se aferra, es cabezota como ese chiquito empeñado en un helado, y nos resulta difícil desviar su atención. Lo que nos lleva a repetir patrones que sabemos que no queremos o que no nos gustan, como enamorarnos siempre del mismo tipo de personas o que otras personas nos engañen siempre en las mismas situaciones. Esto sucede porque las cosas pasan por el niño interno, que no es nada lógico ni razonable y que sigue atascándose en las mismas cosas, equivocándose en lo mismo. Como niño que es, necesita un poco de atención, que lo calmen y que lo mimen. Para que se sienta escuchado y cuidado hay que hablarle en su lenguaje, por medio de mensajes simbólicos que llegan a nuestro inconsciente, lugar dónde vive el pensamiento mágico-simbólico. Él mismo se comunica con nosotros a su manera, a través de los sueños o pesadillas, que a veces se convierten en recurrentes pues no se siente escuchado e insiste, como cualquier niño que necesita que el adulto, nuestro adulto, escuche sus problemas y le ayude a solucionarlos.

¿Y cuáles son esos mensajes simbólicos? Los cuentos son, como ya sabemos, los mensajes preferidos de este niño interior, pues están escritos desde un niño para otro niño. De ahí que, como he podido comprobar cuando cuento cuentos, tanto a los más pequeños como a los que ya no lo somos, nos dejan embobados, curiosos, atentos, y nos dibuja una especie de sonrisa que sólo sabe sacarnos un niño, el nuestro.

No obstante, podemos encontrar muchos más mensajes tranquilizadores que nos hablan desde lo simbólico… y suelen ser las cosas que nos dan placer pero que consideramos más absurdas o simples y no les damos importancia, como pasear al perro, dibujar, darnos un baño de espuma, tomarnos un helado de chocolate, bailar, reír porque sí…y tantas formas y maneras como personitas aún existen dentro de nosotros.

Cuentos