La Tortuga… ¡Panza arriba!

La tortuga Margarita continuamente acababa… ¡panza arriba! Desde muy pequeñita, cuando caminaba, a cada paso tropezaba, con una rama, una piedra e incluso un finísima hoja. Y es que a Margarita le encantaba admirar el paisaje allá donde pasaba; las flores con sus alegres colores, el cielo y las nubes con sus extrañas formas, los enormes troncos de los árboles y a todo ser viviente que se cruzaba. Claro que mirando de un lado a otro nunca estaba atenta de dónde pisaba lo cual se traducía en continuos tropiezos en los que la tortuguita acababa… ¡panza arriba!

Margarita siempre estaba rodeada de amigos pues era muy simpática y charlatana, amigos de cualquier tipo; gusanos, pájaros, lagartos, osos, ratones, zorros, moscas, arañas, abejas… Todos estaban siempre atentos y dispuestos para ayudarla en sus torpes y distraídos andares pues cuando la tortuguita acababa… ¡panza arriba!, con su enorme y abultado caparazón contra el suelo, por sí sola era incapaz de darse la vuelta.

 

Un día la pequeña tortuga se levantó tan temprano que todos sus amigos aún dormían. No obstante, decidió aventurarse y dar un grato paseo por el bosque para contemplar, en silencio, el amanecer. Pero claro, como es de suponer, Margarita tropezó y ¡zas! otra vez acabó… ¡panza arriba!, con sus cuatro patitas levantadas.

– ¡Qué desgracia! ¿Qué voy a hacer ahora? – se decía Margarita – pueden pasar horas hasta que alguien me encuentre y me ayude a darme la vuelta.

La primera hora la pasó llorando sin consuelo y lamentándose de su penosa situación.

Más tarde, cuando ya no le quedaban más lagrimas por llorar, empezó a aburrirse tremendamente. Además, el sol cada vez calentaba con más fuerza y su suave pancita se fue poniendo colorada…

– ¡Ay, cómo me pica mi pancita! – gritaba Margarita cada vez más desesperada.

Ante la impotencia de no poder rascarse su pancita, la tortuguita se puso muy furiosa y comenzó a agitar sus patitas y a gritar con todas sus fuerzas.

– ¡Socorro, socorro!

Pero nadie la oía, lo que le puso aún más furiosa…y sus patitas se agitaban sin parar, furiosas también, cada vez más y más rápido. Tal fue así que su abultado caparazón comenzó a girar y a girar, una vuelta tras otra, de acá para allá. ¡Margarita estaba fuera de control!, ¡no podía parar! Así continúo, girando a la velocidad de un rayo, un buen rato hasta que, de repente, ¡PATATUM! se estampó contra un árbol, dio dos volteretas en el aire y, se dio de bruces contra el suelo.

Cuando abrió los ojos estaba realmente mareada, todo lo que le rodeaba daba vueltas sin parar; los árboles, las nubes y hasta el mismo suelo se movían de forma descontrolada.

Una vez hubo recuperado el aliento y el mundo cesó de moverse, Margarita miró a su alrededor, se miró a sí misma, primero de arriba abajo  y luego de atrás a adelante.

– ¡Ohhh, increíble! ¡Maravilloso! – exlamó – ¡Estoy de nuevo sobre mis patitas!.

 

Esta es la historia de cómo la tortuga Margarita aprendió a darse la vuelta en esas ocasiones en las que acababa… ¡panza arriba! Al principio le costó muchos chichones y tremendos mareos pero, cuando perfeccionó su técnica, en cuestión de pocos segundos, era capaz de girarse sobre sus patitas con una gracia tal que a todo el que la observaba dejaba con la boca abierta.

Claro que, siguió siendo despistada y algo torpe, y sus numerosos tropiezos seguían siendo continuos y algunos muy aparatosos, por lo que, de cuando en cuando, se dejaba ayudar por alguno de sus amigos que, encantados, le ayudaban a darse la vuelta cuando la tortuguita acababa… ¡panza arriba!

 

REFLEXIÓN:

La historia de esta tortuga es una historia de superación, de andar el camino del apoyo externo hacia el autoapoyo y de cómo una carencia, en el momento que menos esperamos, puede convertirnos en alguien especial.

Muchas veces en nuestra vida ciertos obstáculos que se nos presentan vienen acompañados de oportunas ayudas, de hermosos gestos de quiénes nos rodean y nos quieren. Pero cuidado con acostumbrarse a esos apoyos pues puede llegar un momento en que necesitemos echar mano de nuestra propia fuerza y no sepamos ni dónde está.

No te pases la vida lamentándote por tus tropiezos y estancándote en tus carencias, busca tu propia fuerza y apóyate en ella. Y no olvides ser lo suficientemente sincero contigo mismo como para discernir cuándo necesitas, de veras,  una ayuda externa.

Anuncios

Las Tijeras Mágicas

Rita se sentía realmente perdida. Pero no perdida como aquella vez que olvidó el camino hasta casa de su tía. No, esta vez era diferente. Sentía que toda su vida estaba patas arriba:

– Su mejor amiga se había mudado de pueblo.

– Su perro había escapado hace varias semanas.

– Sus compañeras de clase se burlaban de ella.

– La abuela falleció hace apenas dos meses.

– Y, para colmo, sus padres le repetían constantemente: “¡No hay quién te entienda, estás en la edad del pavo!”

No tenía nadie ni nada en qué apoyarse… ni siquiera le apetecía dibujar, ¡con lo que disfrutaba!

 

La inquietante historia de Rita comenzó un día que se sentía harta de que sus compañeras se burlaran de ella, triste porque había suspendido un examen, cansada porque se le había escapado el autobús y tuvo que volver a pie del colegio. Y, claro, sus padres le regañaron por llegar tarde a comer.

– ¡Estaba harta! ¡No aguantaba más!

Se encerró en su habitación, cerró los ojos con fuerza y deseó, con más fuerza aún, no haber existido nunca.

Cuando instantes después los volvió a abrir, asombrada comprobó que se encontraba en mitad de un calle vacía, una calle que no recordaba haber visto nunca. Se frotó los ojos y se pellizcó las mejillas pues creía que estaba soñando. No lo estaba, seguía allí, en mitad de un lugar desconocido y solitario.

A lo lejos habían algunas casas y comenzó a andar por la calle en dirección a ellas. Caminaba por el centro pues el miedo le acompañaba a ambos lados. A medida que se acercaba un letrero decía así:

“BIENVENIDO AL PAÍS QUE NUNCA EXISTIÓ”

– ¡Qué extraño! – se dijo – no recuerdo que estudiásemos este país en clase de geografía.

Continúo andando; todo vacío, no veía a nadie, no oía nada. A lo lejos vio un cartel iluminado:

– ¡Hombre, parece que hay algo de vida allí! Iré a echar un vistazo.

Se dirigió hacia aquella casa y, cuando estuvo delante, pudo leer el cartel:

“LA TRASTIENDA”

En el cristal otro cartelito que decía:

“Sin existencias”

– ¡Qué raro! ¿y para qué estará abierta? – se preguntó – Bueno, al menos puede que encuentre a alguien.

La campana de la puerta tintineó cuando la atravesó…eso fue todo lo que se podía escuchar en el interior de la vieja tienda. Estaba muy oscuro pero, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo ver una estantería tras otra. Eran de una madera tan vieja que parecía que, en cualquier momento, se desplomarían. Estaban llenas de cajas de madera, botes de cristal, libros y más objetos que era incapaz de distinguir. Lo único que reconocía era el polvo y lo viejo que resultaba todo.

Con miedo cruzó el largo pasillo de estanterías y, al fondo, pudo ver a una anciana tras un amplio y mugriento mostrador.

– Adelante Rita, hace días que te estaba esperando. Ya pensaba que te habías perdido – le dijo con una mueca que intentaba parecer una sonrisa.

– Pero… ¿cómo sabe mi nombre?

– No tenemos tiempo para preguntas y, al fin y al cabo, eso es lo de menos. Lo importante es que has venido aquí a por algo, algo que hace tiempo vienes necesitando – contestó la anciana.

– Yo…

– ¡Shhh! – le interrumpió – Escucha atentamente, es importante que te quede todo muy claro pues no habrá tiempo para una segunda explicación.

La anciana cogió una sucia caja de madera de lo alto de un estante, le sopló para quitarle el polvo que la cubría y, a continuación, la abrió. Rita esperaba sin entender nada. De la caja sacó unas tijeras, no menos viejas que todo cuanto había en aquella tienda, estaban oxidadas como si nadie las hubiera usado durante siglos. La anciana se las ofreció. Cuando la chica iba a cogerlas, la mujer las apartó rápidamente de su mano y le dijo:

– Estas son unas tijeras mágicas. Con ellas podrás recortar todo cuanto desees.

Rita iba a hacerle una nueva pregunta cuando de nuevo le interrumpió:

– ¡Shhh! Escucha: es muy importante que escojas muy bien lo que recortas, no lo olvides.

Y a continuación canturreó unas palabras al tiempo que agitaba las tijeras:

 ¡Tijeras, tijeritas,

cortad todo lo que desee Rita!

 

Al fin le dio las tijeras. Ella continuaba sin entender nada pero la anciana le hizo un gesto con la mano indicándole que esperase. Sacó entonces de la caja una hermosa cadena dorada de la cual colgaba un precioso corazón, también de oro.

– Llévalo siempre alrededor de tu cuello, ¿entendido?

– Si – contestó Rita – pero yo…

La anciana le volvió a interrumpir, esta vez para ofrecerle un vaso de agua helada. Cuando la chica lo vio se le olvidaron sus dudas y sólo podía pensar en bebérselo… ¡Estaba realmente sedienta! ¡Hacía tanto calor! Rita se bebió el vaso casi de un solo trago. Apenas lo hubo dejado en el mostrador, miró a su alrededor y de nuevo se vio en su habitación… con la caja de madera en sus manos y el collar rodeando su cuello.

– ¡Qué extraño es todo hoy!

Miró el reloj de su mesita y, ¡madre mía! Eran las nueve de la mañana, llegaría tarde a clase.

 

Ese día volvió del colegio no menos molesta que el anterior así que, en cuanto llegó a casa, subió a su habitación y sacó las tijeras de la caja.

– Recortó las palabras burlonas de sus compañeras de clase…y ya nunca más se metieron con ella.

– Recortó su nostalgia por la marcha de su amiga… y nunca más la echó de menos.

– Recortó la tristeza por la muerte de la abuela… y nunca más la recordó.

– Recortó las regañinas de sus padres… y nunca más discutieron.

– Recortó la rabia de haber perdido a su perro… y nunca más quiso acariciar uno.

¡Vaya, se sentía mucho mejor!

 

El tiempo pasó y Rita recortaba cada vez más cosas que no le gustaban o que le dañaban: exámenes, maestras, personas que le herían, palabras mal sonantes, postres que no le gustaban, películas que le daban miedo y un sinfín de cosas que iba encontrando en su camino.

Hasta que un día, un día que estaba realmente harta de todo, un día de esos que una solo quiere desaparecer, un día… ¡se recortó a sí misma! Estaba tan cansada de todo, de todos y hasta de ella misma, ¡se sentía tan desdichada! Se recortó y se colocó en el hueco de un árbol en medio de un frondoso bosque.

Al principio estaba muy a gusto.

– Ahora sí que nadie puede molestarme o dañarme.

Disfrutaba del silencio y la paz de estar sola pero, con el paso de los días, ese silencio se convirtió en ruidos internos, en pensamientos que no entendía, estaba llena de palabras y palabras pero ¿a quién podía decírselas? Fue entonces cuando esa paz se convirtió en una profunda soledad. ¡Volvía a sentirse desdichada!

– ¡Me siento sola! ¡He cortado demasiado!

Comenzó a llorar desconsolada y en esas que echó mano al colgante dorado y, con una furia que le asustó hasta a ella misma, estampó el corazón contra el suelo:

– ¡Estúpido corazón! – gritó

Al golpear contra el suelo, el corazón se abrió por la mitad. En realidad era una diminuta cajita con forma de corazón. Rita se quedó extrañada. Al volver a cogerlo, ahora abierto de par en par, vio que dentro guardaba una aguja y un hilo de plata y en el dorso una inscripción que decía:

“Aguja e hilo de plata

coserás con dedicación

lo que anhele tu corazón”

 

No tuvo que parar un segundo para que Rita entendiera la inscripción. Cogió la aguja y comenzó a coserse, en primer lugar a sí misma, con un precioso hilo de plata que ahora la unía al mundo.

Volvió corriendo a casa donde todo estaba vacío y silencioso… ¡claro, los había recortado a todos!

Abrió la caja de madera donde, sin saber en su momento por qué lo hizo, había ido guardando todas y cada una de las cosas, personas, lugares, sentimientos y pensamientos que hace mucho recortó , algunas de las cuales ahora añoraba profundamente y deseaba volver a ver o sentir.

Cosió a su madre y a su padre, cosió aquel lugar junto al río que tanto le gustaba, a su amiga Margarita, el recuerdo de los besos de la abuela, el de los ladridos de su perro, sus dibujos…

 

Durante tres días y tres noches se dedicó a coser sin parar, con el mayor esmero que pudo, cada uno de los retales de su vida. Ahora ésta se parecía bastante a su vida anterior. Excepto por un detalle; las puntadas de planta que fue dando en entre un recorte y otro no eran del todo perfectas pues ella no era una experta costurera, así que, de vez en cuando, se descosía algún punto. Entonces ella decidía entre arreglarlo y volverlo a coserlo o… recortarlo para siempre.

 

REFLEXIÓN:

A menudo, en nuestra vida tenemos que cortar con esto o aquello, otras coser con dedicación lo que deseamos conservar y otras veces, simplemente, quedarán los huecos vacíos.

El sufismo, nos habla de un hilo de plata que existe dentro de cada persona, un hilo que emerge de la fisura de nuestra máscara y que conecta el mundo exterior con la esencia. Cuando escribí este cuento desconocía este simbolismo…ahora un precioso hilo de plata me une a la tradición sufí.

La Ola

Papá y mamá me llevaron a conocer el mar:

– ¡Ohhh, impresionante!

 

No lo pensé dos veces y fui corriendo a meterme al agua.

– ¡Qué divertido!

– ¡Qué fresquita!

– ¡Qué salada!

¡Era lo más emocionante que había vivido nunca!

 

Me divertía como nunca cuando, de repente, una ola gigante pasó por encima de mi cabeza y me cubrió por completo. Comencé a chapotear, ¡no sabía nadar! Estaba muy asustada; movía mis piernas y mis brazos tan fuerte como podía. Las olas me tambaleaban de un lado a otro, sacaba la cabeza pero, el instante, volvía a hundirme. Luché con todas mis fuerzas pero no encontraba el modo de salir a la superficie.

Agotada… me dejé caer.

– ¡Me rindo!

Y me hundía, me hundía cada vez más.

Curiosamente, mientras bajaba a lo más profundo, iba encontrando un sinfín de pececitos y plantas que nadaban tranquilamente a mi alrededor. ¡Había vida allí abajo! Pero no podían ayudarme…

Me hundí hasta lo más profundo, dónde todo era de un azul oscuro y silencioso. Fue entonces cuando algo frenó mi caída. Sentí la arena, las plantas de mis pies se apoyaron con suavidad.

– ¡Ya lo tengo! – me dije

Apoyé completamente mis pies en la arena, flexioné mis rodillas y, con todas mis fuerzas, empujé hacia arriba.

Conseguí salir a la superficie, con los brazos bien abiertos. Me sentía victoriosa. Con una profunda inspiración saboreé el aire como nunca antes lo había hecho. Y, entonces, cuando recuperé el aliento por completo y mi corazón palpitaba más tranquilo, entonces, erguí todo mi cuerpo y ¡oh sorpresa!… ¡el agua apenas me llegaba a la cintura!

Miré hacia la orilla: papá y mamá me saludaban sonrientes.

 

REFLEXIÓN:

Sumergirse en lo más profundo de nuestro ser no es fácil; nos asusta lo que podemos encontrar, nos asusta pues ahí, en la sombra, guardamos todo aquello que nos resulta difícil, doloroso, incómodo… pero, al fin y al cabo, también somos eso. Lo escondemos hasta el punto de ni siquiera recordar lo que hemos ido guardando en nuestras profundidades. Arriesgarse a esta inmersión no es fácil pues nosotros mismos nos pondremos los impedimentos más difíciles de atravesar y, cada parte de ti, se negará a llegar hasta el fondo.

Cuando tu mente, tu cuerpo y hasta tu emoción te dicen que no puedes más…sumérgete en lo más profundo de tu ser, date una ducha de agua fría y llora, grita, patalea… haz todo lo necesario hasta que, tu mente, tu cuerpo y tu emoción, agotados, no puedan seguir diciéndote que no puedes más. Según me dijo un gran amigo y terapeuta, es entonces cuando aparece lo que él llama el segundo aliento. El segundo aliento es esa fuerza tranquila y desconocida que aparece cuando creemos haber llegado al límite y nos da un nuevo impulso para continuar. Esa fuerza que aparece en nosotros cuando creemos que todo está perdido.

La mayoría de las veces nuestros límites están más allá de lo que somos capaces de percibir…

¿Cómo estás hoy?

Teresa despierta muy temprano esta mañana cuando su madre descorre las cortinas de su cuarto al tiempo que le dice:

– ¡Buenos días, Teresa! ¿Cómo estás hoy? Mira qué bonito día hace…seguro que estarás contenta.

– Si… – contesta Teresa

Aunque, para sus adentros, piensa: “¡Detesto madrugar! Con lo a gusto y calentita que estaba en la cama…me quedaría aquí todo el día.”

 

Comienza el día de Teresa y, al llegar al colegio, la maestra le dice:

– ¡Vaya, Teresa! Hoy no ha venido Paula, tu compañera de pupitre. ¡Qué triste tienes que estar! ¡Cuánto la echarás de menos!

– Si… – contesta Teresa

Aunque, para sus adentros, piensa: “¡Qué descanso! Hoy Paula no se pasará en día molestando pidiéndome mis colores.”

 

Ya es mediodía y todo está listo para comer… ¡espinacas!

– Mira Teresa – dice mamá – Hoy comemos verduritas, tienen muchas vitaminas y te pondrás muy fuerte. Además, ¡sé que te encantan!

– Si… – contesta Teresa

Aunque, para sus adentros, piensa: “¡Puag! ¡Qué asco! Me gustan las verduritas pero no la comida de vacas.

 

¡Papá ha traído un regalo para Teresa!

– ¡Sorpresa! – le dice – Como sé cuánto te gustan los perros… te he traído un perrito… ¡de peluche! Seguro que estás contenta, ¡eh!

-Si… – contesta Teresa

Aunque, para sus adentros, piensa: “¡Menuda sorpresa! Yo lo que quiero es un perrito de verdad, ¡qué rollo!”

 

Todas las tardes Teresa va al parque con la abuela, pero esta tarde no ha podido venir a recogerla.

– Lo siento mucho, querida nieta – le dice la abuela al teléfono – Esta tarde te aburrirás en casa, con lo que te gusta pasear conmigo y mis amigas.

– Si… – contesta Teresa

Aunque, para sus adentros, piensa: “¡Bien! Hoy podré pasar la tarde entera en mi cuarto, jugando con mis muñecas y pintando en mi cuaderno nuevo.”

 

Es hora de ir a dormir y mamá viene a la cama  de Teresa a darle las buenas noches.

– Que descanses hijita – le dice mientras le arropa – Pareces un poco asustada, no tengas miedo a la oscuridad, verás como pronto estás tranquilamente dormida.

– Si… – contesta Teresa

Cuando mamá cierra la puerta Teresa coge su nueva y preciosa linterna que guarda bajo la almohada y se pone en pie en la cama:

– ¡Empieza la diversión!

 

 

REFLEXIÓN:

 De pequeños nos enseñan a ser niños y niñas buenos…tenemos que adaptarnos al mundo adulto.

Esto, muchas veces, supone vivir más volcados hacia los demás que hacia nosotros mismos. Los demás deciden cómo nos sentimos, qué nos gusta o qué detestamos. Y nos dejamos llevar… todo por ser buenos niños y buenas niñas.

Vivimos en una sociedad en la que no siempre es adaptativo contestar o comportarnos sinceramente de cara a los demás. No obstante, en nuestro interior, siempre hay sitio para una emoción auténtica y nadie nos puede impedir ser sinceros, al menos, con nosotros mismos.

Y tu… ¿cómo estás hoy?

Nunca dejes de preguntarte…

El Mejor Regalo de Navidad

Árbol de NavidadAquella Nochebuena Paola se fue a la cama con esa mariposas en el estómago que le anunciaban un gran día de Navidad pues sabía que, a la mañana siguiente, encontraría el hermoso árbol repleto de juguetes.

Así fue, Paola despertó y ni reparó en calzarse y ponerse la bata, como mamá le había enseñado a hacer cada mañana, pues esas mariposas del estómago le empujaron directamente al árbol de navidad.

Allí estaban, más de tres cajas en las que una inscripción anunciaba que lo que en ellas se escondía era para ella. Aquel año Papá Noel había acertado, todos sus regalos eran preciosos. Pero había uno que ocupó toda su atención: un hermoso y suave pony rosa. Lo primero que hizo al sacarlo de la caja fue coger su rotulador y escribir su nombre en la etiqueta, siempre lo hacía con los juguetes que más le gustaban. Desde aquel día, el pequeño pony rosa le acompañó en sus juegos más divertidos y en sus noches de tormenta.

 

Paola creció y el pequeño pony rosa fue ocupando, cada día, menos espacio en su vida. Paola ya era mayor.

 

Años después, una niña de pelo enredado y sucias rodillas recibió el mejor regalo de todas sus navidades: un pequeño pony rosa en cuya etiqueta podía leerse “PAOLA”.

 

REFLEXIÓN:

La historia que hoy os cuento es fruto de mis intentos por buscar el espíritu navideño en medio de este mundo que avanza tan deprisa.

Tengo la suerte de poder compartir un día a la semana con niños que viven en situación de extrema pobreza. Esta semana, al comienzo de las navidades, como todos los años, estos niños han recibido una donación de regalos, unos son nuevos, otros usados.

Una de las niñas eligió un pequeño pony rosa que la dejó maravillada, en su etiqueta llevaba el nombre de otra niña. Ella le preguntó a la maestra qué ponía…la maestra le contestó que el nombre de otra niña que, antes que ella, pudo jugar también con el pony rosa. La niña miró su juguete, aún con la misma ilusión pues seguía siendo igual de bonito. Era su mejor regalo de navidad.

La vida real está repleta de hermosos cuentos, la vida real está repleta de actos hermosos, la vida real está repleta de momentos mágicos.

Deja que la vida real te cuente cuentos.

Más Allá del Bosque

Rodeando el pueblo había un sendero por el que la gente solía salir a pasear. Era un caminito de tierra, con barandilla de madera y un bonito paisaje de árboles y montañas. El sendero terminaba en un espeso bosque. Cuando alguien paseaba por allí, al llegar al bosque siempre se daban la vuelta y regresaban al pueblo.

Amanecer en el bosquePero a ella, desde bien pequeña, le había parecido entrever que el sendero continuaba, haciendo zigzag entre los opulentos árboles. Todos le decían que era fruto de su elevada imaginación, que el bosque era peligroso y en él no había ningún sendero ni nada parecido por donde caminar. Es más, todo el que en él se había aventurado no había vuelto jamás.

Aun así, cada vez que llegaban al filo del bosque y tenían que dar la vuelta, ella seguía apreciando como el camino continuaba serpenteando entre los árboles. Por eso, cuando fue lo bastante mayor como para poder pasear sola, un día decidió adentrarse en el bosque.

En efecto, una fina vereda continuaba por entre los árboles. Y caminó durante horas. El sendero era oscuro y silencioso, apenas algún rayo de sol conseguía atravesar la espesa vegetación, apenas algún crujir de ramas acompañaba sus pasos.

Comenzaba a anochecer, hacía frío, pero llegado este punto, sólo tenía dos opciones: regresar sobre sus pasos a aquel lugar donde le esperaba el calor humano o continuar hacia delante corriendo el riesgo de caminar siempre sola. Continuó caminando pues, a pesar de que la soledad le quemaba por dentro, una brisa fresca le aliviaba ese calor a medida que avanzaba. Por momentos, no le seguía ni su propia sombra, sólo la soledad.

Después de tres días y tres noches en los cuales el miedo fue su única compañía, de repente un día, cuando el sol empezaba a asomar, el bosque acabó. Era como si hubiera sido cortado por una sierra, una línea recta perfecta de cientos de kilómetros. El amanecer le dio la bienvenida a aquel precioso lugar que se abrió ante sus ojos. Llano, limpio, luminoso. Un horizonte infinito custodiado por el sol.

A lo lejos pudo reconocer a personas, algunos rostros le resultaron familiares, hombres y mujeres desaparecidos de su pueblo años atrás, otros eran completos desconocidos para ella. Pero lo que todos tenían en común era que habían visto un camino donde otros sólo vieron árboles.

REFLEXIÓN:

A veces hay q tomar caminos en los q dejamos atrás personas y lugares queridos, caminos en los que nos sentimos solos, caminos que nos asustan. Pero a veces no nos queda otra pues lo que hasta ahora conocíamos no nos llena, no nos sirve. Y si continuamos, a pesar del miedo a la soledad, encontraremos ese lugar en el que poder descansar, ese nuevo amanecer, que, una vez encontrado, nos acompañará dentro de nosotros allá donde vayamos.

Esa recompensa de un lugar mágico, sólo está disponible para aquellos que ven más allá de la obviedad, para aquellos que ven el sendero entre los árboles, para aquellos que no se creen todo lo que les dicen y deciden caminar por sí mismos.

Todo final conlleva un principio, todo principio conlleva un final.

 

¿Qué nos dicen los cuentos sobre…. EL REY y LA REINA?

Si nos quedamos con la superficie de los cuentos y los analizamos desde nuestra mente racional de adultos, cometeremos muchos errores y nos cebaremos en críticas sobre lo políticamente correcto. Y es que uno de los aspectos más criticados de los cuentos son las alusiones a la realeza puesto que hay  numerosos cuentos en los que aparecen reyes, reinas, príncipes, princesas, palacios… (también los hay en los que aparecen campesinos, zapateros, jornaleros, etc) Si nos limitamos a entenderlos desde nuestro adulto racional, que rige sobre todos los aspectos de nuestras vidas (o eso creemos), sólo veremos eso; la realeza  y claro, nos parecerán clasistas.

Ya es hora de que comprendamos que los cuentos no van dirigidos a los adultos, y por tanto, tampoco a nuestra mente adulta y racional sino a los niños y, de ahí, a nuestro niño interno, simbólico, que es quién los va a entender. Esto explica por qué a los niños les gustan tanto los cuentos y no entran en conflictos de formas. Todos llevamos dentro ese niño que fuimos, maravillosamente a todos nos siguen llegando los mensajes más ocultos de los cuentos. Te invito a que cuentes un cuento a adultos y observes sus caras… inexplicable. La crítica adulta viene después, cuando la mente racional se asusta de que la hayan dejado fuera y haber perdido el control durante los pocos segundos que duró la narración.

Volviendo a la realeza, quiero plantear la siguiente cuestión: ¿de qué nos hablan los cuentos cuando nos plantean una historia de un rey y una reina?

En un primer momento si nos hablan, literalmente, de esas figuras de autoridad, figuras que pueden tener que ver con los mandatarios de un país, pueblo o barrio. Pero eso no es todo, también nos hablan de cualquier figura que ejerza la autoridad en un momento dado; como un jefe, un maestro y, como no, papá y mamá. Bastante simple, ¿verdad?

Claro que entonces nos podríamos preguntar por qué no aparece simplemente un alcalde, un padre o un profesor. Sencillo: de esta manera, a nivel simbólico, las figuras del rey y la reina engloban todas las figuras de autoridad, dejando libertad para que cada escuchante proyecte en ellas las que en ese momento gobiernan determinados aspectos de su vida. Por otro lado, si no olvidamos en ningún momento que el lenguaje de los cuentos es simbólico, podemos recurrir a los arquetipos de rey y reina, de los que podemos encontrar alusiones procedentes de diferentes culturas desde la antigüedad. Y es desde ahí desde donde los cuentos dan un paso más allá y le hablan a nuestra naturaleza más profunda.  Nos dicen que un rey o reina representan la mente iluminada, con su corona dorara cuyas puntas reciben la luz directamente del sol y de la luna. ¿Hay algo que alumbre más que el sol por el día y la luna por la noche? Por tanto, son personas que están conectadas con un saber ancestral que los conecta con la sabiduría tanto de la propia naturaleza como del más allá, de lo que se ve en el mundo material como de lo que no se ve en el mundo de las ideas, emociones y almas. Son personas que están abiertas a ver no conformase con las simples apariencias de las cosas.

Si todavía queremos dar un pasito más, un rey y una reina son personas que rigen sobre sus propias ideas, pues con es claridad que conocen el mundo también se conocen a sí mismos y son dueños de sus vidas, reinan en sus vidas. Han adquirido tal manejo de su mente racional y sus ideas que son capaces de gobernar sobre sus vidas haciendo uso de la más profunda sabiduría de las energías masculinas y femeninas que hay dentro de sí mismos, sin dejarse llevar por motivos que no sean justos para su reinado (los reyes de los cuentos tradicionales siempre son justos).

Partiendo de ahí, por lo tanto, un príncipe o una princesa no son más que reyes en potencia, pero en ellos entraremos en otro post.

Sirvámonos pues de frases que, gracias al inconsciente colectivo, aún conservamos y que, sin darnos cuenta, forman parte de la inteligencia simbólica popular al igual que los cuentos. Frases como “Ser rey/reina de su casa” o “Vivir como reyes” condensan, en cierto modo, todo lo que los cuentos nos dicen al respecto.

Dejemos pues los cuentos para lo que son, para contar y escuchar. Y las críticas políticas dejémoslas también para lo que son, para criticar acciones políticas.

Disfrutemos de los hermosos cuentos que nos ha dado la tradición popular sin otro afán que dejar volar a nuestro niño interior a ese dulce momento en que un día será coronado como rey de su vida.

 

¿Reinamos?Ahora yo te pregunto: ¿Te atreves a apropiarte de tu corona? ¿Qué te impide ser rey/reina de tu vida?

 

Algunos cuentos de reyes:

Cuentos de tradición oral: podemos encontrar versiones originales en los libros de Antonio Rodríguez Almodóvar “Cuentos al amor de la lumbre”, de Anaya y en los libros de los hermanos Grimm “Cuentos de niños y del hogar”.

> Cuentos enseñanza: numerosos libros sobre cuentos de diferentes culturas tienen cuentos en los que aparecen reyes. Muy recomendable: “Cuentos de reyes, magos, princesas y luciérnagas” de Julio Peradejordi, de Obelisco.

> Cuentos ilustrados: Los cuentos de la colección de la Pequeña Princesa del autor Tony Ross.


Artículos relacionados: 

Cuidando a nuestro niño interior

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL LOBO?

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL BOSQUE?

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL LOBO?

Los cuentos nos dicen que en la vida te encontrarás, tarde o temprano, con el lobo.

Nos dicen que cuando vayas por tu camino tengas cuidado con él pues, una cosa está clara, el lobo siempre querrá comerte. No te confíes si en algún momento es amable, sólo sera una táctica para embaucarte. Los cuentos nos dicen que el lobo tiene hambre de nosotros y que, por más que lo intente, no podrá ocultar durante mucho tiempo sus garras, sus dientes y su apetito feroz.

Los cuentos nos dicen que cuando el lobo aparezca te pongas en guardia pues su intención última es engullirte. No le importa que seas alto o bajo, joven o viejo, listo o tonto, guapo o feo, buena o mala persona… Él sólo quiere saciar su hambre y tú serás su objetivo.

Los cuentos nos dicen que cuando te encuentres con el lobo agudices tu ingenio para crear una estrategia que te permita salir vivo. Nos dicen que si no estas aún maduro para enfrentarte a él te sentirás tan diminutoncomo el cabritillo que cabía en la caja del reloj. Ante el lobo todos nos sentimos pequeños e indefensos; es grande, peludo, con grandes garras, ojos intensos y dientes afilados. No es fácil salir de ahí ileso, pues sabe muy bien cómo anularnos.

Aun así, los cuentos también nos dicen que sí se puede, nos dicen que nos construyamos una casa tan sólida que él no pueda invadir ni derribar. Que pongamos esmero en nuestros cimientos que nadie nos pueda tambalear con malas tretas. Nos dicen que pidamos ayuda a nuestros hermanos, compañeros o figuras de autoridad. Nos dicen que también es valiente el que pide ayuda, el que reconoce que hay lobos ante los cuáles uno no esta preparado para plantarle cara aún.

Los cuentos nos dicen que los lobos existen,  que la vida no es de color de rosa y que a veces sentirás que unos ojos salvajes te observan, a veces sentirás que unas puntiagudas orejas te espían, a veces sentirás que unas garras te aprisionan, a veces sentirás que eres el objetivo para saciar un hambre feroz.

Los cuentos nos dicen, siempre, que todo saldrá bien. Nos dicen que vencerás al lobo. Nos dicen que no hay que apiadarse de él, que tiene que recibir un castigo por el daño causado porque el lobo es malo y lo será siempre.

Los cuentos nos dicen que podemos dormir tranquilos por la noche y caminar en paz por el día puesto que quién te acosaba y quería devorarte ya ha pasado a mejor vida o se ha ido tan lejos que nunca más se supo de él…nunca nunca.

Y ahora yo te pregunto: ¿Qué lobo o lobos te persiguen? ¿puedes nombrarlos? ¿dónde viven…fuera o dentro de tí? Y, por último, ¿eres capaz de sacarlos de tu vida, con o sin ayuda?

wpid-wp-1443969545654.jpegAlgunos cuentos con lobos:
Cuentos de tradición oral:
> Los tres cerditos, los siete cabritillos, caperucita roja (busca siempre versiones originales)
Cuentos ilustrados:
> Un lobo así de grande, de Natalie Louis-Lucas y Kristen Aertssen, editorial Océano Travesía
> Monstruo pequeño dice ¡No!, de Áslaug Jónsdóttir, Rakel Helmsdal y Kalle Güettler, editorial Sushi Books (no aparece el lobo pero a nivel simbólico es el mismo arquetipo y ayuda a proyectar las amenazas tales como las del lobo)


Artículos relacionados: 

Cuidando a nuestro niño interior

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL BOSQUE?

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL REY y LA REINA?

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL BOSQUE?

El bosque y yoLos cuentos nos dicen que un día te adentrarás en el bosque y que en él, te perderás. Te perderás en un lugar oscuro, sombrío y repleto de animales salvajes que acechan desde la penumbra.

Los cuentos nos dicen que un día saldrás de la comodidad de tu hogar y te sumergirás en la incertidumbre de lo desconocido, en un oscuro y espeso bosque donde cada paso que des será crucial para tu destino.

Los cuentos nos dicen que, a pesar de caminar por un lugar salvaje e inexplorado para ti, continuarás avanzando. Porque en los cuentos no hay marcha atrás ni rendición y el protagonista nunca se plantea perder.

Los cuentos nos dicen que salir del bosque con vida, triunfante y con una mayor autonomía y maduración es posible. Apartar ramas, ignorar ojos que observan, parar monstruos devoradores y engañar a brujas, ogros y lobos siendo más astutos que ellos son sólo algunas de las pruebas que nos esperan.

Los cuentos nos dicen que dentro de nosotros hay un valor y un coraje que desconocemos. Sólo caminando y atravesando nuestros miedos, podremos nombrarlos y ponernos a prueba.

Los cuentos nos dicen que, para sobrevivir en el bosque, la mejor estrategia es continuar, siempre adelante y sin mirar atrás. Y así, llegarás a tu nuevo estado, a tu nuevo hogar, a tu final feliz.

Tan sólo una advertencia: posiblemente, cuando hayas atravesado el bosque, ya no serás la misma persona, igual has crecido uno o dos centímetros. No te asustes, sigues siendo Tú.

>>>Y ahora te pregunto:¿Cómo es tu bosque?, ¿qué peligros hay en él? y, como no, ¿te atreves a entrar?<<<<

Algunos cuentos del bosque:

Cuentos de tradición oral: Hay numerosos cuentos en los que el bosque aparece: Hansel y Gretel, cpaerucita roja, ricitos de oro, los tres cerditos, el príncipe durmiente, el príncipe sapo, pulgarcito, entre otros.

Cuentos ilustrados: El camino que no iba a ninguna parte, de Gianni Rodari


Entradas relacionadas:

Artículos relacionados: 

Cuidando a nuestro niño interior

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL BOSQUE?

¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL REY y LA REINA?

CUENTO: Más allá del bosque