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Más Allá del Bosque

Rodeando el pueblo había un sendero por el que la gente solía salir a pasear. Era un caminito de tierra, con barandilla de madera y un bonito paisaje de árboles y montañas. El sendero terminaba en un espeso bosque. Cuando alguien paseaba por allí, al llegar al bosque siempre se daban la vuelta y regresaban al pueblo.

Amanecer en el bosquePero a ella, desde bien pequeña, le había parecido entrever que el sendero continuaba, haciendo zigzag entre los opulentos árboles. Todos le decían que era fruto de su elevada imaginación, que el bosque era peligroso y en él no había ningún sendero ni nada parecido por donde caminar. Es más, todo el que en él se había aventurado no había vuelto jamás.

Aun así, cada vez que llegaban al filo del bosque y tenían que dar la vuelta, ella seguía apreciando como el camino continuaba serpenteando entre los árboles. Por eso, cuando fue lo bastante mayor como para poder pasear sola, un día decidió adentrarse en el bosque.

En efecto, una fina vereda continuaba por entre los árboles. Y caminó durante horas. El sendero era oscuro y silencioso, apenas algún rayo de sol conseguía atravesar la espesa vegetación, apenas algún crujir de ramas acompañaba sus pasos.

Comenzaba a anochecer, hacía frío, pero llegado este punto, sólo tenía dos opciones: regresar sobre sus pasos a aquel lugar donde le esperaba el calor humano o continuar hacia delante corriendo el riesgo de caminar siempre sola. Continuó caminando pues, a pesar de que la soledad le quemaba por dentro, una brisa fresca le aliviaba ese calor a medida que avanzaba. Por momentos, no le seguía ni su propia sombra, sólo la soledad.

Después de tres días y tres noches en los cuales el miedo fue su única compañía, de repente un día, cuando el sol empezaba a asomar, el bosque acabó. Era como si hubiera sido cortado por una sierra, una línea recta perfecta de cientos de kilómetros. El amanecer le dio la bienvenida a aquel precioso lugar que se abrió ante sus ojos. Llano, limpio, luminoso. Un horizonte infinito custodiado por el sol.

A lo lejos pudo reconocer a personas, algunos rostros le resultaron familiares, hombres y mujeres desaparecidos de su pueblo años atrás, otros eran completos desconocidos para ella. Pero lo que todos tenían en común era que habían visto un camino donde otros sólo vieron árboles.

REFLEXIÓN:

A veces hay q tomar caminos en los q dejamos atrás personas y lugares queridos, caminos en los que nos sentimos solos, caminos que nos asustan. Pero a veces no nos queda otra pues lo que hasta ahora conocíamos no nos llena, no nos sirve. Y si continuamos, a pesar del miedo a la soledad, encontraremos ese lugar en el que poder descansar, ese nuevo amanecer, que, una vez encontrado, nos acompañará dentro de nosotros allá donde vayamos.

Esa recompensa de un lugar mágico, sólo está disponible para aquellos que ven más allá de la obviedad, para aquellos que ven el sendero entre los árboles, para aquellos que no se creen todo lo que les dicen y deciden caminar por sí mismos.

Todo final conlleva un principio, todo principio conlleva un final.

 

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¿Qué nos dicen los cuentos sobre… EL BOSQUE?

El bosque y yoLos cuentos nos dicen que un día te adentrarás en el bosque y que en él, te perderás. Te perderás en un lugar oscuro, sombrío y repleto de animales salvajes que acechan desde la penumbra.

Los cuentos nos dicen que un día saldrás de la comodidad de tu hogar y te sumergirás en la incertidumbre de lo desconocido, en un oscuro y espeso bosque donde cada paso que des será crucial para tu destino.

Los cuentos nos dicen que, a pesar de caminar por un lugar salvaje e inexplorado para ti, continuarás avanzando. Porque en los cuentos no hay marcha atrás ni rendición y el protagonista nunca se plantea perder.

Los cuentos nos dicen que salir del bosque con vida, triunfante y con una mayor autonomía y maduración es posible. Apartar ramas, ignorar ojos que observan, parar monstruos devoradores y engañar a brujas, ogros y lobos siendo más astutos que ellos son sólo algunas de las pruebas que nos esperan.

Los cuentos nos dicen que dentro de nosotros hay un valor y un coraje que desconocemos. Sólo caminando y atravesando nuestros miedos, podremos nombrarlos y ponernos a prueba.

Los cuentos nos dicen que, para sobrevivir en el bosque, la mejor estrategia es continuar, siempre adelante y sin mirar atrás. Y así, llegarás a tu nuevo estado, a tu nuevo hogar, a tu final feliz.

Tan sólo una advertencia: posiblemente, cuando hayas atravesado el bosque, ya no serás la misma persona, igual has crecido uno o dos centímetros. No te asustes, sigues siendo Tú.

>>>Y ahora te pregunto:¿Cómo es tu bosque?, ¿qué peligros hay en él? y, como no, ¿te atreves a entrar?<<<<

Algunos cuentos del bosque:

Cuentos de tradición oral: Hay numerosos cuentos en los que el bosque aparece: Hansel y Gretel, cpaerucita roja, ricitos de oro, los tres cerditos, el príncipe durmiente, el príncipe sapo, pulgarcito, entre otros.

Cuentos ilustrados: El camino que no iba a ninguna parte, de Gianni Rodari


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CUENTO: Más allá del bosque

El Sendero de Sofía

Érase una vez un camino. Un camino antes de ser camino.

En medio de la jungla se escondía un hermoso lago repleto de frondosa vegetación, y una gran cascada, y un claro donde poder ver las estrellas, o eso decían. Había tantos árboles hasta el lago que ninguna persona había llegado nunca. Todos en el poblado conocían la existencia de los oasis o lugares mágicos ocultos en la selva pero nade se atrevía a adentrarse para buscarlos. Nadie excepto Sofía.

Sofía paseaba entre las espesura de aquellos árboles desde que sus padres le permitieron hacerlo con la compañía de Libre, su fiel y hermoso perro. Cada día la niña iba un poquito más lejos… y volvía. Andaba un pasito y memorizaba sus huellas, eligiendo, en  cada tramo, algo que le sirviera de señal, un árbol, una madriguera, una piedra… Después volvía sobre sus pasos. Y así, durante muchas semanas, semanas que se convirtieron en meses y éstos, a su vez, en años.

Algunos días, la muchacha, caminaba largos tramos…los cuáles eran más difíciles memorizar, otros caminaba pequeñas distancias pues se encontraba con alguna dificultad, otros llegaba a donde el día anterior y no avanzaba, sino que se limitaba a descansar allí y disfrutar de cuánto le rodeaba. Otros, incluso, se paraba mucho antes, observando orgullosa lo que ya conocía, a veces se deleitaba con buenos olores, o bellos colores,  o simplemente añoranzas de unos días atrás. También había días en los que  Sofía no podía caminar porque algo le impedía siquiera salir del poblado… una enfermedad, la escuela, un cumpleaños o una intensa lluvia. Pero esos días la niña no olvidaba su sendero y, desde la ventana de su habitación, alumbrado por la luna, sentía poder distinguirlo a la salida del poblado. En las oscuras noches de invierno, Sofía lo trazaba, paso por paso, en su imaginación y, mientras lo recorría, se quedaba profundamente dormida.

El sendero de SofíaMuchos años trascurrieron hasta que, al fin, Sofía llegó al lago. Era realmente hermoso, más de lo que había imaginado. Una parte de ella sentía que ese era su sitio. Y la sensación de paz al mirar hacia delante y sentir que lo había logrado, era lo que más le satisfacía.

Aquel lugar fue un secreto para Sofía durante muchos años, hasta que un día su amiga Clara andaba muy afligida por la pérdida reciente de su padre. La chica no lo dudó un instante, la tomó de la mano y la llevó a allí, por su sendero, sobre sus pasos, hasta su lago. Lo que allí pasó sólo lo saben ellas pero Clara recuperó el color de sus mejillas.

Desde entonces, Sofía continúa tomando de la mano a diversas personas y las conduce a su lago escondido, por su secreto sendero, pisando sobre sus pasos. A veces lleva a algún amigo, pariente o conocido que  ella presiente que le irá bien. Algunos tan solo caminan un rato pues se cansan pronto o simplemente les reconforta tanto el hecho de andar sobre las huellas de la chica, conociendo los misterios de la senda misteriosa, que eso les fortalece lo suficiente. Otros se quedan mucho rato en el lago hasta que Sofía les ayuda a volver. Otros, los más atrevidos, deciden trazar su propio camino de vuelta. Otros, incluso,  se deciden a ir en busca de su propio oasis. Y otros, otros ni se atreven a pisarlo y se limitan a divisarlo desde el poblado…hasta que sea su momento.

*Dedicado a todas esas personas que alguna vez me han mostrado parte de su andadura en este mundo ayudándome a seguir adelante…y a aquellas otras que confían en que mi mano les muestre parte la mía.

REFLEXIÓN:

El camino propio sólo podemos crearlo nosotros mismos pero hay veces que es necesario dejarnos guiar por aquellos sabios que ya lo andaron, sabios no más porque “saben”, conocen el camino. Estos guías pueden ser desde terapeutas, maestros, abuelas, madres, padres, amigos o simplemente esa persona desconocida que un día, incluso sin conciencia, nos mostró por donde pisar.

La Carretera

Aquella carretera le producía un miedo atroz. Cada vez que pasaba por ella conduciendo su coche, reducía la velocidad, sujetaba bien el volante y no apartaba la vista del frente en ningún momento.

Una curva tras otra, dos carriles estrechos, uno en cada sentido, en los que apenas cabía un coche, sin arcén, con el riesgo de animales que podían cruzar en cualquier momento y un tráfico denso e impaciente.

A pesar de todo esto, pasaba por allí varias veces al día, con el mismo miedo, año tras año, con la misma sensación de estar alerta, sobre todo cuando oscurecía.

Era la única carretera que le llevaba a casa.

 

REFLEXIÓN:

Los caminos que llevan a nuestra esencia, a nuestro hogar interior, a nuestro autoconocimiento, a veces asustan y optamos por dar marcha atrás aún a riesgo de no llegar jamás a nuestro destino, quedándonos así dando vueltas por el mundo sin encontrar nuestro lugar.

Sigue adelante, deja que el miedo te acompañe, no lo ignores, escúchalo y sigue caminando… hasta llegar a casa.

El miedo consciente y aceptado puede ser tu mejor compañero de viaje.

Piedras en el Camino

PIEDRAS EN EL CAMINO

Siempre adelante

El camino que llevaba a la cima de la montaña era empinado, sinuoso y repleto de piedras. Todos querían llegar a lo más alto pues habían oído hablar de la paz y tranquilidad que allí se respiraba y, como no, de las hermosas vistas. Decían los más ancianos que todo el que coronaba la cima volvía siendo más sabio. Pero sólo de cuando en cuando alguien conseguía llegar arriba, la mayoría de las personas que lo intentaban se quedaban por el camino; unos al poco de empezar, otros a la mitad y otros, casi llegando al final.

 

¿Qué producía tanto obstáculo?

Las piedras. Las piedras eran un verdadero obstáculo y el camino estaba repleto de ellas.

Algunas producían espantosos tropiezos y torceduras. Ante esto, los caminantes se echaban a un lado del sendero…unos se quedaban allí tumbados, lamentándose durante el resto de su vida, otros volvían a casa, dándose por vencidos, y otros, una vez recuperados, continuaban subiendo.

Había otras piedras que captaban rápidamente la atención de los transeúntes debido a su hermosura y su luminosidad. Eran piedras realmente exóticas. Muchas personas se reunían a su alrededor para observarlas y estudiarlas. Algunos les sacaban provecho inventándoles alguna utilidad, otros se quedaban por siempre sentados observándolas, maravillados por su belleza, y otros, continuaban subiendo.

También entorpecían el camino piedras de un tamaño tan grande que cerraban el paso. Entonces, siempre llegaba alguien muy fuerte y las levantaba con sus brazos o alguien muy inteligente que ingeniaba el modo de echarlas a un lado, sirviéndose de cualquier herramienta. A algunos les gustaba tanto sentirse fuertes o inteligentes que se quedaban allí demostrando a todo el que pasaba cómo eran capaces de mover esas enormes piedras, otros se quedaban a un lado, mirando con admiración a estas personas, y otros, simplemente, continuaban subiendo.

Los había también que disfrutaban mucho por el camino y se lo tomaban con calma, saboreando cada rincón del sendero y cada instante que sucedía. Algunos de ellos se dedicaban a mostrar las maravillas del camino a los que llegaban detrás, otros se atrevían a internarse en el bosque para conocer con más detalle los secretos de aquel lugar, y otros, continuaban subiendo.

Muchos eran aquellos que lo que más les gustaba del camino era conocer a las personas que se cruzaban e interactuar con ellas. Algunos se quedaban en un punto de mucho tránsito para conocer así a más gente y hacer muchos amigos. Otros se enamoraban y, en estos casos, unos se quedaban con su pareja en un claro del bosque, donde formaban un hogar, otros se quedaban eternamente esperando que apareciese esa persona con la que parar para siempre, y otros, solos o acompañados, continuaban subiendo.

 

Y si bien muy pocos conseguían llegar a la cima, los que lo conseguían lo hacían conociendo el dolor y las ganas de rendirse, la hermosura de la naturaleza, la fuerza y la debilidad, el ingenio, el amor y la soledad, la luz y la oscuridad…

Una vez arriba, no era más que la cima de una montaña, la misma montaña que, antes de subir, miraban desde la ladera. Solo que ahora podían mirar desde más arriba y ver un poquito más allá. Ahora podían mirar con unos ojos nuevos.

Y, sobre todo, podían decirse a sí mismos:

“Coroné la cima de la montaña a pesar de las piedras del camino. Nunca me rendí. Siempre adelante.”

 

REFLEXIÓN:

Con este cuento quiero hacer una breve reflexión sobre la diferencia entre sobrevivir y vivir.

Lo primero, sobrevivir, es cuando nuestros pasos están condicionados por los obstáculos que vamos encontrando en nuestra vida. Estos obstáculos pueden servirnos para estancarnos, hacernos retroceder e incluso, en el mejor de los casos, hacernos más fuertes o ayudarnos a tomar caminos alternativos. Sobrevivimos a las circunstancias de nuestra vida.

Lo segundo, vivir, es continuar nuestro camino, seguir adelante con nuestros sueños, anhelos y objetivos a pesar de las piedras que nos entorpecen el paso. No perder nuestra meta a pesar de las circunstancias. En definitiva, seguir adelante. Y para esto no debemos olvidarnos nunca de nosotros mismos, de quiénes somos y qué queremos en nuestra vida.

Y tu… ¿vives o sobrevives?