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La Poción de los Enfados

Había una vez una bruja que inventó una perversa poción: la Poción de los Enfados, que estaba elaborada a base de gritos, enfados, gruñidos, insultos, pataletas, rugidos y, como no, el tradicional aderezo de sapos y culebras.

La bruja Malos RollosCon sólo rociar un poco de esta mezcla sobre la cabeza de las personas, éstas acababan liadas en una aparatosa pelea. Claro que, tenía que hacerlo con dos personas a la vez pues el “efecto enfado” no funcionaba sobre una sola persona y, en esos casos, el afectado se quedaba inmediatamente dormido o le entraba un fuerte dolor de barriga. Pero la bruja Malos Rollos, que así se llamaba, tenía mucha destreza volando con su escoba y, planeando sobre las cabezas de sus víctimas, con ambas manos derramaba la poción sobre dos e, incluso, más personas.

Todos los habitantes del pueblo la temían y, cuando la veían llegar con su escoba, intentaban esconderse, solos, en algún rincón o debajo de una mesa. Aunque también es cierto que había algunos muchachos jóvenes que la buscaban deseosos de probar la poción, algo de lo que después, con el ojo morado y los puños inflamados, se arrepentían y lamentaban.

En ocasiones, la bruja Malos Rollos hacía tratos con hombres y mujeres que, ante el miedo de una pelea, le ofrecían todos sus bienes e incluso a sus propios hijos. Tal fue el caso del pequeño Oliver, que fue entregado a la bruja por sus padres, cuando apenas sabía caminar, a cambio de que ésta no esparciera su poción en el negocio del padre, la taberna del pueblo.

En un principio, la bruja pensó en comérselo guisado, igual que había hecho con otros tantos niños. Pero este era diferente, tenía una mirada que, incluso a esta vieja sin corazón, le producía un extraño calor en su pecho. Así que lo crio en su pocilga, entre pócimas, ratones y demás criaturas extrañas. Y así, el pequeño Oliver aprendió, escondido bajo la mesa, conjuros y recetas perversas que la bruja Malos Rollos preparaba cada día entre carcajadas, también perversas.

 

Un día, a la vieja hechicera no se le ocurrió otra cosa que pasar con su escoba por el patio del colegio y ¡zas!, vertió un montón de la Poción de los Enfados sobre unos niños que jugaban a la pelota. El pequeño Oliver se vio de repente en mitad de una nube de patadas, gritos e insultos. Entonces decidió que ese era el momento de probar el efecto de su antídoto, una poción que había estado preparando durante varias noches, mientras la bruja dormía: la Poción de la Armonía, que estaba hecha a base de abrazos, besos, lo sientos y sonrisas, aderezada con un poco de miel y otro poco de hierbabuena.

 

Desde entonces al pequeño Oliver se le conoce en el pueblo como el Conciliador pues nunca fue capaz de eliminar a la bruja Malos Rollos ni el efecto de su Poción de los Enfados pero, cuando se arma alguna bronca en el pueblo a causa de ésta, él acude raudo con su antídoto, la Poción de la Armonía. Unas veces los implicados acaban siendo amigos y riendo de sus malentendidos, otras simplemente se dan la mano y vuelven cada uno a su casa con el morro un poco torcido. Pero siempre, siempre, al menos se escuchan mientras toman la deliciosa poción del pequeño Oliver, el Conciliador.

 

REFLEXIÓN:

No podemos evitar los choques en la convivencia entre personas pues somos diferentes y es lícito que aparezcan malentendidos o desavenencias. Pero lo que está claro es que, a nadie le gusta el sabor de boca que deja una discusión o pelea.

Como vemos en el cuento, el primer paso para resolver nuestras diferencias con otras personas es acceder a tomar la Poción de la Armonía, es decir, estar dispuestos a llegar a un entendimiento. A partir de ahí, el siguiente paso es escucharnos. En ocasiones resolveremos alegremente y podemos ser amigos, en otras nos quedaremos en paz de haber tenido un acercamiento a pesar de que no podamos ser amigos.

No siempre te resultará fácil sentarte a tomar la Poción de la Armonía pues esta sólo hace efecto cuando quién la toma lo hace sinceramente. En caso de que no estés preparado/a para tomarla, espera a que llegue el momento, tu estómago te indicará cuando es capaz de digerirla.

 

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