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¡Adoro la magia!

Vive la magia

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La Pradera de la Luz

Existió hace mucho tiempo un pueblo delimitado por dos grandes árboles, uno en la puerta delantera de sus murallas, la entrada, y otro en la puerta trasera, la salida.

El árbol de la entrada era muy frondoso, con un robusto tronco y unas ramas que casi rozaban el suelo. Todo el que se cobijaba bajo su sombra, se sentía arropado, protegido y tranquilo. Era El Árbol de los Recuerdos pues todo el que allí descansaba, inevitablemente viajaba por sus vivencias más profundas, evocaba las historias, los abrazos, los secretos y las caricias que un día le nutrieron. En ocasiones, quienes bajo este árbol se encontraba, se sentían tristes al rememorar a los que ya no estaban y otras, se sentían alegres de recordar tiempos hermosos.

Al otro extremo del pueblo, en la salida, había otro árbol. Éste era de tronco fino y  delgado, su sombra se extendía a lo largo de varios metros y sus ramas parecían tocar el cielo. Era El Árbol de los Sueños y todo el que en él se cobijaba se deleitaba viajando a través de sus más preciados anhelos. En ocasiones, quienes bajo este árbol se encontraban, se sentían tristes al advertir cuánto les quedaba aún por recorrer para conseguir sus sueños y otras, se sentían alegres al poder disfrutar, con su imaginación, de un mundo maravilloso.

La Pradera de la Luz

Entre los dos árboles, fuera de las murallas del pueblo, había una verde pradera. Nadie se fijaba en ella pues, al lado de los árboles, no llamaba la atención, sólo era un montón de tierra llena de hierba, lisa, sin ninguna característica especial. Pero había unos pocos que, en ocasiones, tras echar una siesta en el Árbol de los Recuerdos y refrescarse otro poco en el Árbol de los Sueños, se dirigían a la pradera, se tumbaban en cualquier punto sobre la hierba y dejaban que el sol les inundase por completo. Algunos se cegaban y tenían que volver enseguida a refugiarse en uno de los árboles, otros se abrasaban y volvían corriendo al pueblo a darse un baño de agua fría y otros, simplemente respiraban y se dejaban llenar por los cálidos rayos del sol esperando, pacientes, la brisa fresca que, durante la noche, traería la Luna. Esta era, sin duda, La Pradera de La Luz.

 

REFLEXIÓN:

La Pradera de la Luz es ese lugar en nuestro interior que, a veces, en instantes tan breves como el latir de un corazón, nos hacer sentir que estamos aquí y ahora y que estamos vivos, nos hace ser conscientes que estamos donde estamos porque elegimos un camino que nos trajo hasta aquí.

A veces, la cotidianeidad nos impide ver lo hermoso que hay en las pequeñas cosas, en la sencillez de lo “normal”. No es fácil aprender a vivir en el presente, no es fácil aprender a ver la luz que a veces ilumina el mundo y nos permite ver nuestra alma y la de los que nos rodean. Por eso existe la noche, para seguir iluminándonos desde la oscuridad.

Ya sea en la luz, ya sea en la sombra, nunca dejes de ver.

 

“Vivimos para un futuro, un futuro que pronto se convierte en pasado, un pasado que forma nuestro ser, que nos llena de recuerdos, unos recuerdos que revivimos continuamente mientras el presente pasa desapercibido.” (María Valgo)

El Desván

El desván de la antigua casa de campo siempre estaba cerrado. Susi y Pablo veían la llave colgada del cuello de su anciana tía y morían de ganas de cogerla y abrir rápidamente la puerta para investigar. Pero tía Gilda era grande y fuerte, y no se separaba de aquella llave ni cuando dormía.

Susi y Pablo se preguntaban qué secretos escondía el desván y pasaban las horas asomando un ojo por la cerradura intentando vislumbrar alguna sombra o pegando bien la oreja a la puerta para escuchar qué sucedía allí dentro.

Y cada día, entre los dos, creaban sus propias historias a partir de algún extraño ruido o alguna sombra sospechosa:

– Desfiguradas formas de lo que parecían ser enormes ogros.

– Las fuertes pisadas de un rabioso gigante.

– La silueta de un ratón que bailaba claqué.

– El susurro de los conjuros de una malvada bruja.

– Extrañas criaturas que revoloteaban en el techo.

– El llanto de una princesa encerrada.

– Hadas que jugaban al escondite.

– Duendes que cosían los vestidos de tía Gilda.

A partir de cada sonido o cada sombra que débilmente percibían, los niños creaban historias secretas que les mantenían unidos en el misterio.

 

Susi y Pablo crecieron y heredaron de su tía aquella maravillosa casa de campo y, con ella, la misteriosa llave. Al cabo de los años, volvieron a la puerta del desván, esta vez la llave colgaba del cuello de Susi. Junto a aquella cerradura los dos hermanos se miraron fijamente durante un largo rato, ella sostenía la llave en sus manos.

En ese momento, Clara, la hijita de Susi subió corriendo las escaleras:

– “¡Mamá, mamá, ¿qué hay en el desván?, ¿qué hay en el desván?”

Los dos hermanos se miraron fijamente, esbozando la misma sonrisa cómplice que en otro tiempo les unió en los largos veranos de aquella vieja casa. Susi, volvió a colgar la llave de su cuello y Pablo le asintió en silencio.

– “Un misterio pequeña, un misterio…” – contestó Susi, apretando, con fuerza, la llave entre sus manos.

 

REFLEXIÓN:

Cuando somos niños, nuestra colorida fantasía nos ayuda a entender el mundo y sus misterios y esto nos da una energía especial en nuestro interior…el gusanillo de lo mágico y desconocido.

Al crecer y ser adultos esta magia se pierde… a no ser que, conscientemente, dejemos parcelas de nuestra vida en manos del misterio.

La Ventana Infinita

Paloma era una niña con una gran fantasía. Desde pequeña le encantaba inventar juegos e historias llenos de magia. Su vida no había sido nada fácil, diversos acontecimientos le sucedieron que fueron creando una gran melancolía en lo más profundo de su ser. Ante cada pérdida, separación o evento doloroso, Paloma se encerraba en su cuarto y se refugiaba en su colorida imaginación. Allí se sentía a salvo de todo, nada ni nadie podían dañarla. Inventaba mundos extraños con mágicas criaturas, viajaba a lugares asombrosos con paisajes deslumbrantes, encontraba amigos que le acompañaban en sus juegos y aventuras.

Tanto fue así que Paloma ya no era feliz en el mundo real donde sentía un gran dolor y frustración. Se protegió del mundo de afuera con su rico mundo interior. Ni siquiera necesitaba encerrarse en su habitación para dejar volar su imaginación pues también podía hacerlo ante cualquier persona o situación y en cualquier lugar. Nadie podía entrar en su mente, allí nadie podía dañarle, nada podía frustrarle ya que era ella la que decidía. Se sentía a salvo de todos y de todo, era su refugio, su intimidad.

Claro que, la niña, cada vez se relacionaba menos con sus compañeros de clase, apenas salía a la calle a jugar con sus vecinos y con su familia siempre permanecía callada.

 

Sólo había un lugar en el mundo real que le gustaba de verdad: el viejo castillo abandonado en lo alto del pueblo. A menudo se dirigía hacia allí dando un bonito paseo y se sentaba en una hermosa ventana a través de la cual sólo se apreciaba el mar hasta donde alcanzaban sus ojos. Le gustaba pensar que era una ventana infinita pues parecía no acabar nunca. Era su rincón favorito del mundo exterior, donde pasaba largas horas soñando con qué habría más allá del horizonte.

Un día Paloma llegó a su ventana cargando más que nunca con su vieja melancolía, se sentía triste y sola, apartada de todo ser viviente pero no encontraba el modo de acercarse a las personas que le rodeaban para compartir esa tristeza. Deseó con todas sus fuerzas salir volando por la hermosa ventana infinita, hasta el lugar dónde solo está el mar, más allá del horizonte. Cerró con fuerza los ojos imaginando como sería ese viaje a surcando los mares pero cuando los abrió… se encontró apenas unos centímetros por encima del agua, sobrevolando el inmenso océano. Apenas se sorprendió pues estaba acostumbrada a este tipo de viajes imaginarios. No viajaba a gran velocidad pero podía sentir como la brisa marina le acariciaba sus mejillas y ondeaba su cabello. Con sólo estirar un poco los brazos hacia abajo podía rozar, con la punta de sus dedos, la fresca agua del mar y su olor le llenó de vida en un instante.

Vio cabezas de delfines, asomando en la superficie, que parecían saludarle agitando sus aletas, vio gaviotas pescando pececillos y hermosos arrecifes de coral. Hasta que, a lo lejos, en el horizonte, fue asomando lo que parecía una isla rodeada de palmeras.

La suave brisa marina posó a la niña en la orilla que se quedó maravillada ante la preciosidad de aquel lugar.

“Vaya, esto sí es un hermoso sueño”, dijo para sí.

Se adentró entre las palmeras, deleitándose con el intenso color verde que le rodeaba y el canto de unos extraños pajarillos que la observaban desde las ramas de viejos y enormes árboles. De repente, para su asombro, en mitad de aquel salvaje lugar, apareció una extensa e interminable calle, desierta, con preciosas casitas blancas a ambos lados. Comenzó a caminar por la calle y, al principio de esta, un cartel decía:

“BIENVENIDOS AL PAIS QUE NUNCA EXISTIÓ”

– ¡Qué extraño! Este sueño tiene vida propia, no puedo controlarlo – dijo en voz alta mientras se preguntaba si realmente aquello era producto de su imaginación al tiempo que se pellizcaba con fuerza en sus mejillas. – ¡Ay! ¡Esto me ha dolido!…realmente extraño.

Todo parecía desierto hasta que, en la distancia, comenzó a oír una suave música. Se acercó al lugar dónde procedía aquel sonido y se encontró ante una casa que aparentaba estar habitada, era una especie de café.

“IN-IMAGINARIO – CAFÉ TERTULIA”

“Contamos historias reales, vivimos historias inventadas.”

– Impresionante…

Era un lugar acogedor, con mesitas alumbradas por velas dónde personas conversaban de un modo sereno y en el centro un pequeño escenario dónde un chico parecía narrar asombrosas historias que todos escuchaban con atención. Detrás estaba el mostrador, donde alguien parecía llamarla haciendo un gesto con su mano. Se aproximó y pudo comprobar que era una ancianita que decía su nombre.

– Acércate Paloma, te estaba esperando.

-Claro, como que todo esto es producto de mi imaginación.

– Te equivocas, muchacha – dijo la anciana en un tono severo – No te creas tan poderosa, existen mundos más allá de tu imaginación, aquí cada uno tenemos el nuestro…

– Pero…

-No tenemos tiempo para preguntas y, al fin y al cabo, eso es lo de menos. Lo importante es que has venido aquí a por algo, algo que hace tiempo vienes necesitando.

– Yo…

– ¡Shhh! – le interrumpió – Escucha atentamente, es importante que te quede todo muy claro pues no habrá tiempo para una segunda explicación.

La anciana si inclinó tras el mostrador y sacó un hermoso cuaderno, cuyas tapas estaban laboriosamente bordadas con hilo que parecía de seda, y una pluma estilográfica.

– Estos objetos que te voy a regalar son realmente mágicos – dijo muy seria – Esta pluma escribe con tinta de oro, una tinta que es imposible recargar… pero si le das un buen uso nunca se gastará.

– ¿Qué uso? – preguntó Paloma incrédula.

– Sólo podrás utilizarla sobre este cuaderno en el que escribirás tus mundos de fantasía. Pero cada historia que aquí plasmes no podrá permanecer por mucho tiempo pues tendrás que arrancar esas hojas o si no, la historia, desaparecerá para siempre, incluso de tu cabeza ¿Entiendes?

– Creo que sí – contestó la niña.

– Como te decía – continuó la anciana – una vez hayas arrancado las hojas escritas deberás lanzarlas a través de la ventana del castillo, aquella por la que llegaste hasta aquí. En el momento en que no lo hagas como te digo, y te guardes los escritos en el cuaderno, la pluma dejará de funcionar. Además, no podrás escribir con ella en otros cuadernos pues sólo funciona sobre este y del modo en que te digo. Si lo haces así, ni las hojas del cuaderno ni la tinta de la pluma se agotarán jamás.

– ¿Y por qué voy a molestarme en hacer todo eso? – preguntó Paloma desconcertada.

– Si haces lo que te digo y usas bien estos objetos, esa melancolía que te ahoga se irá disolviendo poco a poco – y, de pronto, añadío – ¡Ah, lo olvidaba!, cuando lances al mar las hojas escritas recuerda siempre decir estas palabras:

FANTASÍA Y REALIDAD

AHORA VOLAD JUNTAS

SOBRE EL MAR

Paloma se quedó observaba en silencio aquellos misteriosos objetos que ahora tenía en sus manos mientras se preguntaba qué había de realidad en todo esto y qué era producto de su imaginación.

La voz de la anciana la sacó de sus pensamientos, esta vez para ofrecerle un vaso de agua helada. Cuando la niña lo vio se le olvidaron sus dudas y sólo podía pensar en bebérselo… ¡Estaba realmente sedienta! ¡Hacía tanto calor! Paloma se bebió el vaso casi de un solo trago. Apenas lo hubo dejado en el mostrador, miró a su alrededor y de nuevo se vio en la ventana del castillo…con el cuaderno en una mano y la pluma en la otra.

– ¡Qué extraño es todo hoy! – exclamó.

 

Paloma regresó a casa corriendo, deseando estrenar su nuevo y misterioso cuaderno con aquella pluma de tinta dorada. Aunque no le gustaba nada la idea de tener que desprenderse de sus apreciadas historias. Dudó, miró el cuaderno y observó, detenidamente, lo que tenía grabado en la tapa:

“LA FANTASÍA ES MI MUNDO

EL MUNDO ES MI COBIJO”

Y en la tapa posterior:

“DEJA VOLAR TUS SUEÑOS,

PORQUE LO CREO, LO CREO”

Al leer esto, sin saber por qué, algo le empujó a escribir. Plasmó en aquellas hermosas hojas la historia de la ventana infinita y de cómo había llegado al “País que nunca existió”. Ciertamente dudaba de si lo que le había sucedido aquel día era real o un nuevo producto de su imaginación. No obstante, decidió escribirlo pues, real o no, era una bonita aventura. Y, mientras lo hacía, se sintió más viva que nunca.

Cuando terminó de escribir recordó las palabras de la anciana sobre arrancar las hojas y tirarlas al mar. ¿Ahora debía arrancar esas hermosas páginas escritas con tinta dorada? ¿Debía desprenderse de esa bella historia, su historia? No le gustaba nada la idea pero, efectivamente, comprobó que la pluma ya no escribía y que no podía pasar las siguientes páginas del cuaderno ¡Esto si que era magia! Así que decidió hacer lo que la anciana le dijo…al menos podría llevar aquella historia, para siempre, en su cabeza. Arrancó las hojas, corrió hacia la ventana del castillo y, mirando al mar, pronucnió aquellas palabras – “Fantasía y realidad/ ahora volad juntas/ sobre el mar –  y entonces le pareció que las propias hojas se desprendían de sus manos para emprender su vuelo sobre el infinito océano.

 

Cuando las perdió de vista, de repente, se sintió muy hambrienta. Volvió a casa y, a medida que se acercaba, pudo apreciar el aroma de esa sabrosa sopa que preparaba su madre. Entró en la cocina, papá y mamá se disponían a comer. Mamá le dio un fuerte abrazo.

– Hija, estábamos preocupados. Déjame que te vea…tienes muy buen aspecto. Dime… ¿dónde has estado?

– ¿Quieres oír mi historia? – dijo Paloma emocionada.

– Por supuesto, mi querida Palomita – contestó mamá mientras la subía a su regazo.

 

 

Y así fue como Paloma lleno el mundo real con la magia de sus historias.

 

 

 

 

 

REFLEXIÓN:

La historia de Paloma nos advierte de los peligros de refugiarse en la mente y la fantasía cuando el mundo real es demasiado frustrante. Este refugio, llevado al extremo, puede llegar a aislarnos por completo de la realidad convirtiéndose en una anestesia, una evasión.

Es bueno estar atentos de los peligros de perderse en la mente y observar la magia que cada día nos trae el mundo real, pues fantasía y realidad se nutren mutuamente, una sin la otra no tienen cabida.

No lo puedo ocultar, este cuento habla de mí y de cómo con cada historia que escribo me siento viva por dentro. Ahora, al compartirlas aquí contigo, lector/a, mis historias toman un lugar en el mundo real y con ellas, a través de ti, yo también tomo mi lugar en el mundo real.

Gracias