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Érase una vez una niña que se perdió

Érase una vez una niña que se perdió en la gran ciudad, entre ruido, humo de coches, pasos acelerados, perros hambrientos y calles repletas de basura.

Nadie se daba cuenta de que una muchachita de tan corta edad andaba sola por aquellas peligrosas y transitadas avenidas.

Ella miraba hacia arriba a aquellas altas y apresuradas personas desconocidas pero nadie le devolvía la mirada. Ella las llamaba con su temblorosa voz afilada y dulce pero nadie le escuchaba.

La niña, triste y asustada, se sentó en un diminuto portal y comenzó a llorar. Parecía invisible, no veían su miedo, no escuchaban su llanto. Una joven y bella mujer, despeinada, con ojeras y un caminar desordenado se sentó a su lado. En el minúsculo hueco que quedaba en aquel solitario escalón, agachando la cabeza, comenzó a llorar. También. Entonces la mujer sintió a la niña a su lado, y la niña sintió a la mujer. Se miraron a los ojos. Las últimas lágrimas resbalaron por sus mejillas. Ya no estaban solas.

Niña y mujerLa mujer tendió su mano a la niña, y ésta se la apretó con fuerza. Y así, agarradas, se disolvieron entre la multitud.

Ahora, a veces, se vuelven a perder pero ambas saben dónde se podrán reencontrar: en aquél minúsculo portal en medio de la gran ciudad, entre ruido, humo de coches, pasos acelerados, perros hambrientos y calles repletas de basura, donde un día se perdió una niña.

Y colorín colorado este cuento se ha encontrado… y acabado.

REFLEXIÓN:

Hay pocas veces en las que nuestro niño/a interior y nuestro adulto se encuentran, hay pocas, pero las hay. Y esas veces nos reencontramos con nosotros mismos y nos cuidamos como se cuida a una niña indefensa.

Lamentablemente, siempre, tarde o temprano, volvemos a perdernos. Así que puedes poner atención a las señales de dónde encontrarla/, como un lugar, un cuento, dibujar, cantar, un helado, un baño… para poder buscarla cuando necesites coger su mano…

…y que ella coja la tuya.

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Cuidando a nuestro Niño Interior

Todos hemos oído hablar de nuestro “Niño Interior”, pero ¿a qué nos referimos realmente?

En el ámbito de la psicología, fue Piaget quién, en sus estudios sobre el mundo psicológico infantil, estableció las etapas o períodos del desarrollo cognitivo. El autor nos habla del pensamiento mágico simbólico, característico de la etapa comprendida entre los 2 y los 7 años, a la que denominó mágico-simbólica, y que más tarde pasaron a llamar pre-operacional (lo de mágico-simbólica parece que no lo consideraban un nombre muy serio). Según Piaget, en este período, el pensamiento del infante, entre otras cosas, es egocéntrico y mágico. Bien sabemos que el niño en esta edad se cree el centro de todos los sucesos, resultándole muy difícil ver las cosas desde otro punto de vista diferente al suyo. Y a esta cualidad se le añade el aspecto mágico, por lo que el niño cree que la magia puede producir acontecimientos, es más, muchos acontecimientos del día a día les pueden parecer productos de ésta, así como la lluvia, un horno que transforma una masa en magdalenas, la luna, un pájaro, una lupa, un teléfono, etc. De ahí que los cuentos de hadas les resulten muy atrayentes en estas edades pues les hablan en su propio lenguaje.

Estas características que Piaget atribuyó al pensamiento mágico-simbólico son las que podemos encontrar en nuestro niño interior. Todos, de un modo u otro, sentimos que dentro de nosotros albergamos a un niño, un niño que nos ha ido acompañando en nuestras experiencias vitales y que solemos sentir frágil, por lo que necesitamos cuidarlo y escucharlo, actuar con él como una madre que lo nutre y lo ampara.

Desde siempre han existido personas que intentan recomponer los traumas y daños emocionales que tenemos los seres humanos pero a veces no basta con una explicación psicológica pues en ocasiones es ese niño interior el que está dañado. Este se aferra, es cabezota como ese chiquito empeñado en un helado, y nos resulta difícil desviar su atención. Lo que nos lleva a repetir patrones que sabemos que no queremos o que no nos gustan, como enamorarnos siempre del mismo tipo de personas o que otras personas nos engañen siempre en las mismas situaciones. Esto sucede porque las cosas pasan por el niño interno, que no es nada lógico ni razonable y que sigue atascándose en las mismas cosas, equivocándose en lo mismo. Como niño que es, necesita un poco de atención, que lo calmen y que lo mimen. Para que se sienta escuchado y cuidado hay que hablarle en su lenguaje, por medio de mensajes simbólicos que llegan a nuestro inconsciente, lugar dónde vive el pensamiento mágico-simbólico. Él mismo se comunica con nosotros a su manera, a través de los sueños o pesadillas, que a veces se convierten en recurrentes pues no se siente escuchado e insiste, como cualquier niño que necesita que el adulto, nuestro adulto, escuche sus problemas y le ayude a solucionarlos.

¿Y cuáles son esos mensajes simbólicos? Los cuentos son, como ya sabemos, los mensajes preferidos de este niño interior, pues están escritos desde un niño para otro niño. De ahí que, como he podido comprobar cuando cuento cuentos, tanto a los más pequeños como a los que ya no lo somos, nos dejan embobados, curiosos, atentos, y nos dibuja una especie de sonrisa que sólo sabe sacarnos un niño, el nuestro.

No obstante, podemos encontrar muchos más mensajes tranquilizadores que nos hablan desde lo simbólico… y suelen ser las cosas que nos dan placer pero que consideramos más absurdas o simples y no les damos importancia, como pasear al perro, dibujar, darnos un baño de espuma, tomarnos un helado de chocolate, bailar, reír porque sí…y tantas formas y maneras como personitas aún existen dentro de nosotros.

Cuentos

El Librito de Cuentos

Aquel montón de gruesos libros se burlaban continuamente de la poca seriedad del colorido librito de cuentos. Los niños lo habían pintarrajeado, roto algunas de sus hojas e, incluso, manchado de chocolate con sus manos pringosas tras la merienda.

Al cabo de unos años a aquellos pesados libros los metieron en una caja:

– Esta enciclopedia está desfasada – dijo el abuelo.

Y nadie, ni el de cuentos ni ningún otro libro, volvieron a verla.

Sin embargo, al pequeño librito de cuentos le pusieron un bonito forro de plástico con puntitos de colores y los nietos volvieron a pintarrajearlo, romperlo y mancharlo…un poquito más. Pero, sobre todo, siguió despertando sueños y sonrisas.

 

bibliotecaREFLEXIÓN:

No todo lo que parece serio lo es.

Los cuentos no son sólo para niños.

El saber, a veces, sí ocupa lugar.

Un cuento nunca pasa de moda, siempre emociona y despierta sonrisas.

 

 

La Alfombra Mágica de los Cuentos

La abuela de Sofía tejió para ella una mantita confeccionada a base de retales de tela inservibles que fue uniendo hasta que dio como resultado… ¡una alfombra mágica!

Por las tardes, después de merendar, Sofía echaba su mantita al suelo, frente al abuelo, y lo escuchaba atenta y entusiasmada. A veces le contaba cuentos de esos de toda la vida como caperucita roja, Juan sin miedo o Garbancito, otras, le relataba anécdotas de su experimentada vida, y, otras veces, historias que inventaba sobre la marcha en las cuales Sofía era la protagonista y vivía un sinfín de aventuras. La abuela, sentada en su sillón de la salita de estar, los contemplaba con un gran placer como si de su novela preferida se tratase.

La mamá de Sofía le decía:

– ¡Niña, vas a coger frío ahí, tirada en el suelo!

A lo que Sofía contestaba:

– Pero mamá… ¡no te enteras!, ¿no ves que es una alfombra mágica? No estoy tirada en el suelo sino… ¡volando por el aire!

Y realmente era una alfombra mágica pues cada vez que la niña la echaba al suelo surgían montones de cuentos e historias para contar y escuchar.

 

Sofía creció… y se dedicó a volar por todo el mundo en su alfombra mágica escuchando y contando cuentos, relatando las más divertidas anécdotas y, en ocasiones, inventando historias sobre la marcha para todas esas personas especiales que encontraba en su camino.

 

REFLEXIÓN:

A todos los niños les gusta que les cuenten cuentos… a los mayores también. A todos nos han contado cuentos alguna vez, en unas ocasiones en forma de cuentos como tal y otras como historias, anécdotas o leyendas familiares o del barrio. A todos, niños y adultos, se nos ilumina la cara cuando escuchamos una bonita historia.

Con este cuento quiero invitarte a que cuentes cuentos siempre que puedas, reales o inventados, pues hay muchos niños deseosos de que alguien lo haga para ellos. Estos niños, a veces, son de corta edad y otras, sin embargo, son personas cuyo niño interior sigue deseoso de que alguien le dedique un poco de su tiempo.