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Hay Noches…

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Hay noches que no son para dormir…
sino para ver monstruos y escuchar siniestros sonidos…
¡Qué miedo!

Hay noches que no son para dormir…
sino para buscar tesoros en casa con una diminuta linterna.
¡Impresionante!

Hay noches que no son para dormir…
sino para recordar a aquellos que ya no están.
¡Qué penita!

Hay noches que no son para dormir…
sino para hacer un teatro de sombras en la pared.
¡Qué divertido!

Hay noches que no son para dormir…
sino para llamar a mamá y que te arrope.
¡Qué calorcito!

Y es que hay noches que no son para dormir…
pero todas, todas, SON PARA SOÑAR.

REFLEXIÓN:

Vivimos en una sociedad en la que se nos recalca continuamente la importancia de un sueño reparador por la noche, de dormir mínimo ocho horas.

Esta claro que, a nivel físico, es necesario descansar pero con este cuento quiero invitarte a ver la noche con otros ojos, unos ojos abiertos y curiosos como de un niño.

Observarte en el silencio, en la calma, en la oscuridad, en el miedo, en la melancolía que la noche nos trae cuando permanecemos despiertos mientras todos duermen.

La noche es también ese espacio donde se dan las mejores veladas con los amigos, la conversaciones más íntimas y sinceras, la entrega apasionada de los amantes…el aliento tras la intensa actividad del día.

Y, por supuesto, lo mejor de la noche es ese puente que se nos brinda hacia nuestros sueños.

Nunca renuncies a tus sueños…mimalos cada noche.

El pequeño Sol

El pequeño Sol no quiere ir a dormir. Quiere seguir jugando y se esconde entre las montañas. Además… le da miedo la oscuridad.

Mamá Luna lo alza en sus brazos y lo acuna cariñosamente. Después, lo arropa cálidamente y le cuenta el cuento de la estrella fugaz, que brilla cada noche sobre su cama para darle calor y protección.

 

 

¡Buenas noches, mi pequeño Sol! – dice mamá Luna mientras el pequeño va cerrando sus ojos.

 

 

 

 

El pequeño Sol no quiere madrugar, ¡está tan a gusto en la cama!

Papá Sol lo saca de la cama y, con un cálido abrazo, se elevan lentamente atravesando montañas y ríos.

 

 

¡Buenos días, mi pequeño sol! – dice papá Sol brillando cada vez más.

 

 

 

 

 

REFLEXIÓN:

Un cuento ideal para los más pequeños tanto por su breve extensión como por su sencillo contenido.

La luna, símbolo de lo femenino y lo maternal, le ofrece seguridad ante lo desconocido y el sol, símbolo de lo masculino y paternal, lo saca a explorar el mundo.

Con este cuento se puede plantear un trabajo interesante para los más pequeños, hasta unos 4 o 5 años, proponiéndoles,  después de leerlo, realizar un dibujo que cada una de las escenas y luego comentarlos (por ej. ¿cómo es la luna/el sol?, ¿qué es lo que más te gusta de la luna/el sol?, ¿y lo que menos?) Esto nos puede dar pistas sobre la relación del niño con las figuras parentales, con lo masculino y lo femenino.