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Hortensia conoce a Yayo

Cuando Hortensia conoció a Yayo, ésta iba trotando sin rumbo y sin descanso. Primero vio las flores y se interesó por ellas. Olían de maravilla. Se dio cuenta de que formaban una hilera perfecta, parecían estar cada una en su propio lugar exclusivo y eso le resultó curioso. Por más rápido que quiso averiguar dónde acababa aquel florido desfile no lo consiguió. No podía remediar parar en cada flor a observar, a oler, a contemplar, sin más prisa ni preocupación. Todas tan iguales y tan diferentes. 

Al cabo de un rato y de un montón de vueltas, justo cuando menos lo esperaba, el hermoso caminito de flores cesó. Hortensia miró a su alrededor y fue entonces cuando vio asomar entre la hierba la cabeza de Yayo. 

A simple vista, Yayo parece un caracol como cualquier​ otro: con su concha blanca, su cuerpo viscoso y sus antenas curiosas. Yayo es lento como todos los caracoles. Lo que diferencia a Yayo del resto de su familia es su baba. Su baba es de color dorado y allá por donde pasa nacen flores. Hay muy pocos caracoles de su especie, muy pocos con esa hermosa cualidad. Hortensia se sintió afortunada.

Desde ese día Yayo es el mejor amigo de Hortensia y Hortensia la mejor amiga de Yayo. Yayo le enseña a Hortensia a caminar despacio y disfrutar del paisaje. Y Hortensia le enseña a Yayo a trotar por el campo. A veces parece que Yayo está viendo una función mientras pasea con Hortensia y ella bailotea delante suyo. Hortensia informa a Yayo de dónde está más lindo el camino, por donde vienen las nubes y por donde se esconde el sol . Esto los une aún más pues ya se sabe que los caracoles necesitan sacar sus cuernos al sol para poder caminar. Y si es de la especie de Yayo, aún más, pues su baba dorada son en verdad pedacitos de sol que Yayo deja muy suavemente sobre la hierba. 

Hortensia y Yayo
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El pequeño Sol

El pequeño Sol no quiere ir a dormir. Quiere seguir jugando y se esconde entre las montañas. Además… le da miedo la oscuridad.

Mamá Luna lo alza en sus brazos y lo acuna cariñosamente. Después, lo arropa cálidamente y le cuenta el cuento de la estrella fugaz, que brilla cada noche sobre su cama para darle calor y protección.

 

 

¡Buenas noches, mi pequeño Sol! – dice mamá Luna mientras el pequeño va cerrando sus ojos.

 

 

 

 

El pequeño Sol no quiere madrugar, ¡está tan a gusto en la cama!

Papá Sol lo saca de la cama y, con un cálido abrazo, se elevan lentamente atravesando montañas y ríos.

 

 

¡Buenos días, mi pequeño sol! – dice papá Sol brillando cada vez más.

 

 

 

 

 

REFLEXIÓN:

Un cuento ideal para los más pequeños tanto por su breve extensión como por su sencillo contenido.

La luna, símbolo de lo femenino y lo maternal, le ofrece seguridad ante lo desconocido y el sol, símbolo de lo masculino y paternal, lo saca a explorar el mundo.

Con este cuento se puede plantear un trabajo interesante para los más pequeños, hasta unos 4 o 5 años, proponiéndoles,  después de leerlo, realizar un dibujo que cada una de las escenas y luego comentarlos (por ej. ¿cómo es la luna/el sol?, ¿qué es lo que más te gusta de la luna/el sol?, ¿y lo que menos?) Esto nos puede dar pistas sobre la relación del niño con las figuras parentales, con lo masculino y lo femenino.